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Los retos de la reducción de la jornada laboral: ¿y si trabajáramos menos?

Ilustración de personas trabajando en una oficina y utilizando medios de transporte sostenible.

El tiempo de trabajo está en el centro de un intenso debate político y social. Entre ellos figura la idea de trabajar menos, pero mejor. Pero, ¿es realista? ¿Qué está en juego? Lo analizamos más de cerca para ver qué relación tiene la manera en la que trabajamos con las crisis ambientales y sanitarias: partamos de un ejemplo europeo y analicemos Francia

El debate sobre la reducción de la jornada laboral en Francia volvió a ponerse sobre el tapete durante las elecciones presidenciales de 2022, pero también con la agitación en la organización de las empresas a raíz de la crisis sanitaria, y después con los planes de reforma de las pensiones.

El impacto ambiental y sanitario del tránsito de las personas es lo que nos lleva a analizar este tema en profundidad. 

Crisis ambientales y sanitarias y su vínculo con la jornada laboral

En 2022, el candidato de France Insoumise, Jean Luc Mélenchon, propuso una reducción de la jornada laboral a 32 horas «en los trabajos penosos o nocturnos, y favorecer su generalización mediante la negociación colectiva». 

En una línea completamente distinta, la candidata Valérie Pécresse por el partido Les Républicains quería poner fin a la semana laboral de 35 horas, y permitir la negociación interna de la jornada laboral en cada empresa, con una base fijada en 39 horas. 

Para Anne Hidalgo, partidaria de la semana de 35 horas, es «obvio» replantearse la cuestión del trabajo. «Tenemos que replantearnos cómo repartimos nuestro tiempo», declaró el año pasado.

Entre estas propuestas, las de reducción de la jornada laboral plantean interrogantes. 

¿Cuáles son los efectos de una semana de 4 días o de una jornada de 5 horas en la actividad empresarial y en el bienestar de los trabajadores? ¿Y cómo se organizan las empresas que han dado el paso? 

Analizando los argumentos a favor y en contra de la reducción del tiempo de trabajo (entendido aquí en el sentido de trabajo asalariado; no hablaremos del trabajo doméstico, voluntario o activista), vamos a intentar ver qué revela este debate sobre el lugar del trabajo en nuestras sociedades y en nuestras vidas.

El tiempo de trabajo, la utilización de transporte y el bienestar

En tiempos de crisis sanitaria y climática global, se requiere una reevaluación profunda de nuestras actividades cotidianas y las estructuras que definen nuestras sociedades.

La propuesta de reducir la jornada laboral en Francia, y similares medidas en otras partes del mundo, no solo es un reflejo de un deseo de mejorar el bienestar y equilibrio laboral-personal, sino también una estrategia que podría tener efectos positivos en la salud del planeta.

Reducción de emisiones de transporte: Una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero es el transporte, en particular los desplazamientos diarios al trabajo.

Si se reduce la cantidad de días que un individuo debe ir a la oficina o al centro laboral, automáticamente se disminuye el volumen de tráfico, lo que trae involucrada una reducción en la contaminación atmosférica.

Esto es especialmente relevante en grandes ciudades donde el tráfico es intenso y los niveles de contaminación a menudo exceden los límites recomendados para la salud humana.

Menor demanda energética en oficinas: Al reducir las horas de trabajo, también disminuye el consumo de energía en lugares de trabajo, ya sea para calefacción, aire acondicionado, iluminación o el uso de equipos electrónicos.

Esta menor demanda puede llevar a una menor generación de CO2 si la matriz energética del país aún depende en gran medida de combustibles fósiles.

Incremento en la calidad de vida y bienestar: Al trabajar menos horas, los individuos tienen más tiempo para dedicar a actividades recreativas, al descanso, a la familia y a la salud.

Esto puede llevar a una sociedad mucho más saludable y con personas que estén sufriendo menos niveles de estrés, reduciendo, en última instancia, la carga sobre los sistemas de salud. Además, con más tiempo libre, es probable que las personas opten por formas de transporte más sostenibles (como caminar o bicicleta) para sus actividades diarias.

Promoción de una economía local y sostenible: Con más tiempo libre, las personas pueden optar por consumir alimentos locales, cocinar en casa o involucrarse en prácticas de jardinería urbana, lo que reduce la necesidad de alimentos importados y el impacto asociado al transporte y producción industrializada de estos.

Cambios estructurales en la forma de trabajar: Al adoptar una jornada laboral reducida, las empresas pueden verse incentivadas a adoptar tecnologías y prácticas más eficientes, así como fomentar el teletrabajo. Esto no solo ahorra recursos y energía sino que también impulsa la innovación en la forma de trabajar.

De esta manera, la posible reducción de la jornada laboral no es solamente una medida para mejorar el bienestar de los trabajadores, sino también una estrategia que puede llevar a las sociedades a cumplir con objetivos ecológicos y de sostenibilidad.

En un mundo donde la interconexión entre salud, bienestar y medio ambiente es cada vez más evidente, es esencial que las políticas públicas y empresariales reflejen esta realidad integrada.

La propuesta francesa, y otras similares, podría ser un paso en la dirección correcta.