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Empresas: ¡la RSE no es sólo una cuestión climática!

En los últimos años, la cuestión climática se ha convertido en parte integrante de las políticas empresariales y de RSE. Hasta el punto de que a veces eclipsa otras cuestiones…

Cada vez son más las empresas que ponen en marcha procedimientos para medir o gestionar su impacto en el clima: auditorías de carbono, sensibilización interna sobre cuestiones climáticas, políticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, etc.

A primera vista, son buenas noticias. Salvo que a menudo esto va en detrimento de otras cuestiones sociales y medioambientales dentro de las empresas. 

Con demasiada frecuencia, las políticas de RSE se centran en las cuestiones climáticas y descuidan otras: biodiversidad, desigualdades, calidad de vida en el trabajo, etc.

Avances en cambio climático, pero poco en lo demás

En los últimos años, el clima se ha convertido en el centro de atención de las empresas y, en particular, de los departamentos de RSE. 

Esta toma de conciencia progresiva se debe sobre todo a la presión ejercida sobre las empresas por la sociedad civil, las ONG e incluso los jóvenes ante la emergencia climática. Por ello, cada vez son más las empresas que comunican sus acciones y progresos en materia de cambio climático, se elaboran informes periódicos, se habla de objetivos de neutralidad en carbono, etcétera.

Pero la omnipresencia de las cuestiones climáticas y del carbono, ¿no acaba eclipsando todo lo demás? 

Si nos fijamos en los distintos informes que analizan las prácticas de RSE de las empresas, vemos que muy a menudo, si el clima ocupa un lugar central, es para enmascarar mejor la ausencia de acción en el resto. 

Por ejemplo, el informe CDP publicado en marzo de 2023 muestra que de las 18.000 empresas que informaron sobre sus cuestiones medioambientales, sólo 7.000 incluyeron cuestiones de biodiversidad. 

Como muestran los datos en informes de sostenibilidad, las cuestiones de biodiversidad siguen siendo un «punto ciego» para la acción de RSE. 

Menos de un tercio de las empresas han definido objetivos de acción y resultados para la protección de la biodiversidad, y la mayoría no especifica el calendario de estas acciones.

Lo mismo ocurre con las cuestiones relacionadas con la gestión del agua. Según el informe sólo 4.000 empresas de 18.000 tienen en cuenta su impacto en los recursos hídricos. 

Las desigualdades, las cuestiones de salud y la calidad de vida en el trabajo se ignoran en mayor o menor medida.

Las empresas siguen descuidando demasiados aspectos de la RSE

Si nos fijamos, por ejemplo, en la forma en que se informa sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), está claro que ciertos temas dominan sobre otros. 

Por ejemplo, casi 2/3 de las empresas identifican el cambio climático como una cuestión prioritaria, pero solo el 9% la biodiversidad terrestre y el 18% la biodiversidad marina, según el informe de KPMG sobre el tema.

En cuanto a las cuestiones sociales, aún queda mucho por hacer: apenas una de cada tres empresas considera prioritario actuar en lo  relativo a las desigualdades, y ello a pesar de que las empresas figuran entre los actores clave del estado de las desigualdades a escala mundial. 

La división del valor, constantemente distorsionada en detrimento de los asalariados y en beneficio del capital, es en gran medida el resultado de las políticas empresariales en materia de dividendos y remuneración. 

Sólo el 30% de las empresas identifican la lucha contra la pobreza como uno de sus objetivos prioritarios, a pesar de que a menudo cuentan en su cadena de valor con trabajadores precarios en países que sufren la pobreza.

En resumen, hoy en día las empresas siguen descuidando una serie de temas de RSE: salud, consumo responsable, nuevos modelos económicos más justos, etc.

Cuando el clima hace invisibles los temas de RSE

Esta tendencia se observa actualmente en casi todos los sectores, que aparentemente prefieren centrar su energía en la cuestión climática en lugar de emprender acciones más sistémicas, que engloben todas las cuestiones medioambientales y sociales.

Al centrarse demasiado sólo en la cuestión climática, las empresas pasan por alto cuestiones esenciales para la gestión sostenible de sus actividades. 

Por ejemplo, sabemos que la crisis climática está vinculada a la crisis de la biodiversidad: la desaparición de especies de insectos, plantas, árboles o animales puede tener un impacto negativo en el clima, al dañar ecosistemas que desempeñan un papel esencial como sumideros de carbono, por ejemplo. 

Si no tenemos en cuenta la cuestión de la biodiversidad, estamos descuidando una parte del problema climático y, sobre todo, un aspecto clave de la crisis ecológica mundial.

Del mismo modo, las cuestiones medioambientales también tienen una dimensión social. Sabemos, por ejemplo, que las desigualdades medioambientales están vinculadas a las desigualdades sociales, y que la lucha contra las desigualdades es un requisito previo esencial para aplicar políticas ecológicas dignas de ese nombre. 

Por no hablar de las cuestiones de género, que también son fundamentales en la crisis ecológica y social mundial, ya que las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas por la crisis climática.

Redescubrir un enfoque sistémico

Para actuar eficazmente en materia de sostenibilidad, las empresas deben superar el punto ciego creado por la omnipresencia de la crisis climática. 

La RSE no tiene que ver sólo con el clima. La ecología no tiene que ver sólo con el carbono. Otras cuestiones medioambientales y sociales son esenciales para el surgimiento de una economía sostenible, y las empresas deberían incorporar ahora todas estas cuestiones a su pensamiento estratégico.

Este enfoque sistémico implica dedicar más recursos a la elaboración de informes y a la puesta en marcha de acciones estratégicas sobre todas las cuestiones de sostenibilidad: remuneración justa, calidad de vida en el trabajo, consideración de la biodiversidad, gestión de los recursos naturales, residuos, equidad de género, lucha contra las desigualdades… 

Pero dado el tiempo que ha hecho falta para que el clima se integre realmente en las actividades de las empresas (si es que lo hace, más allá del «greenwashing» ambiental), ya podemos temer que este enfoque sistémico aún no esté preparado para convertirse en la norma…

Así que recordemos: el cambio climático es sólo un aspecto de los inmensos retos de sostenibilidad a los que se enfrentan las empresas. Y no debe eclipsar a los demás.