Cuenta regresiva: en Colombia solo quedan 6 glaciares


Si alguien pone en duda el cambio climático no hay más que mostrarle sus efectos en la desaparición progresiva de los glaciares de Colombia. Los seis glaciares que aún resisten al aumento sostenido de las temperaturas (el Nevado del Ruiz, el Santa Isabel, el Tolima, el Huila, y las sierras nevadas de Santa Marta y del Cocuy) se están achicando a un ritmo anual ¡de entre el 3% y el 5%!
Y por si la crisis climática no fuera suficiente, cuatro de ellos se encuentran ubicados sobre volcanes activos, lo que los vuelve aún más vulnerables debido al calor interno de la Tierra. Expertos de organizaciones ambientalistas como Greenpeace ya han advertido que, a menos que las condiciones climáticas actuales cambien, su pérdida será irreversible.
Y si bien su aporte directo al abastecimiento de agua del país no es tan alto, sí lo son sus funciones ecológicas. Estos glaciares contribuyen a regular la temperatura local, generan humedad y alimentan ecosistemas de alta montaña como los páramos. Pero además tienen una enorme carga cultural, ya que muchas comunidades indígenas (como los arhuacos y los u’wa) los consideran sagrados. Por eso, su desaparición no sería solo una enorme pérdida ambiental, sino también un atentado contra las prácticas ancestrales de los pueblos originarios colombianos.
Glaciares tropicales: ecosistemas que no abundan en el mundo
Si hay algo que distingue a los glaciares colombianos es sin duda su ubicación tropical. De hecho, se estima que cerca del 45 % de todos los glaciares tropicales del planeta se encuentran en el país. Pero lamentablemente, esta misma condición que los vuelve únicos también los hace más vulnerables a las condiciones climáticas actuales.

Pero pese a la evidencia científica, Colombia todavía no cuenta con una política integral que ayude a combatir el retroceso de sus glaciares. Y si bien cuando este año se proclamó como Año Internacional de la Conservación de los Glaciares por parte de la Organización de las Naciones Unidas pareció una buena noticia para estos ecosistemas, las políticas actuales solo incluyen un monitoreo y campañas de concientización que no alcanzan para protegerlos.
Esta falta de recursos hace que las comunidades de los páramos queden vulnerables ante los cambios que afectan sus vidas cotidianas. Por ejemplo, haciendo que no sepan hasta cuándo tendrán agua para su consumo, y especialmente, para llevar a cabo las prácticas agrícolas de las que depende su sustento.
¿Quién dice que todo está perdido?
Los expertos son tajantes en cuanto al futuro de los glaciares. Una vez perdidos, no hay vuelta atrás. Y es que a diferencia de otros ecosistemas como los bosques, que se pueden reforestar, los glaciares desaparecen para siempre. Por eso su protección se ha convertido en una verdadera carrera contra el tiempo.
Sin embargo, la comunidad científica dice que sí es posible mitigar los impactos de la pérdida de glaciares. Pero para ello es necesario reducir de forma urgente las emisiones de gases de efecto invernadero y establecer políticas que contribuyan a la conservación de los ecosistemas de alta montaña. De este modo no solo se podría extender el tiempo que les queda de vida a las glaciares sino que además se prepararía mejor a sus hábitats para cuando hay no estén.
¿Qué se debe hacer para resguardar los glaciares?

Para proteger los entornos glaciales es fundamental que existan políticas que prohíban la expansión de actividades extractivas (como la minería) y que garanticen el acceso de todos los habitantes de las comunidades locales al agua. Además, es importante mejorar la infraestructura agrícola para que estos pueblos sean capaces de enfrentar las sequías.
Pero para que todo esto suceda es necesario que haya voluntad política e inversiones acordes. Finalmente, el Estado colombiano debe trabajar junto a organizaciones científicas y ambientales para crear una política climática que esté a la altura. El reloj sigue avanzando y cada paso que se dé para alargar la sobrevida de los glaciares cuenta.
