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Asbesto: el asesino silencioso que acecha a los colombianos

El asbesto, también conocido como amianto o silicato cálcico magnésico, es un mineral que se utiliza ampliamente en la fabricación de productos industriales. Al tratarse de un material resistente, versátil y económico, durante muchos años fue la “herramienta estrella” de la industria de la construcción. Por ejemplo, ha sido usado para reforzar edificaciones de cemento, para aislar pisos y tejas en los techos de las casas, y hasta como revestimiento y aislante en las tuberías. 

Sin embargo desde hace casi 20 años, su uso está prohibido en más de 50 países del mundo debido a que la exposición prolongada a este mineral puede causar graves enfermedades en los seres humanos. Según datos provistos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 320 mil personas fallecen cada año a nivel mundial por una afección respiratoria denominada Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) derivada del contacto invisible con este mineral. Asimismo, la Oficina Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lo ha clasificado como una sustancia cancerígena, debido a que es el causante del 50% de las muertes por cáncer derivadas de las actividades profesionales.

Lamentablemente, ninguno de estos escalofriantes datos ha bastado para que en Colombia el  asbesto sea tratado con el cuidado que demanda. Y a pesar de la promulgación de una ley que prohíbe su utilización en el año 2019, continúa poniendo en riesgo las vidas de comunidades enteras a lo largo y ancho del país. 

La Ley Ana Cecilia Niño contra el asbesto 

Ana Cecilia Niño, era una mujer nacida y criada en Sibaté, un municipio perteneciente al departamento de Cundinamarca. A lo largo de su vida y sin tener conciencia de ello, Ana Cecilia inhaló millones de partículas de asbesto que provenían de la fábrica Eternit Colombiana S.A, cercana a su hogar. 

Este veneno invisible le provocó una enfermedad denominada mesotelioma maligno, un tumor que recubrió los tejidos de varios órganos de su cuerpo, provocando finalmente su muerte en el año 2017. Desgraciadamente, el caso de Ana Cecilia Niño no es una excepción. Es por eso que tras la muerte de Ana, su esposo Daniel continuó luchando por la promulgación de la Ley Ana Cecilia Niño, que desde 2019 prohíbe el uso de este material mortal en suelo colombiano. 

La Ley 1968 condena la explotación, producción, comercialización, importación, distribución o exportación de cualquier variedad de asbesto en Colombia. Pero a pesar de su sanción, aún queda mucho trabajo por hacer para derrotar a este enemigo invisible de la salud pública. 

Los retos pendientes en la lucha contra el asbesto en Colombia

Para garantizar el cumplimiento de la Ley Ana Cecilia Niño es fundamental que las autoridades se comprometan a realizar un control riguroso en cada una de las etapas de administración de este material nocivo para la salud. Esto no solo incluye la intervención en los centros de comercialización de asbesto, sino también una implementación efectiva de la Comisión Nacional para la Sustitución del Asbesto, cuyo objetivo es supervisar el reemplazo de este mineral en todo el territorio colombiano. 

Es importante recordar que más allá de la prohibición del asbesto en 2019, el material sigue presente en millones productos, estructuras y edificaciones del país. Se calcula que a lo largo de los años se han instalado más de 300 millones de metros cuadrados de tejas y más de 40 mil kilómetros de tuberías en territorio colombiano que contienen asbesto. El deterioro de estos materiales aumenta notablemente la probabilidad de que sus fibras cancerígenas proliferen en el medioambiente.  

Por otro lado, es imperante llevar a cabo el Plan de Adaptación Laboral, para identificar a los trabajadores de las diferentes industrias que se ven expuestos al asbesto de forma diaria y reglamentar las medidas necesarias para protegerlos. 

Por un futuro libre de asbesto

Desde hace años, organizaciones ambientalistas como Greenpeace, en conjunto con académicos de la Universidad de Los Andes, vienen alertando acerca de la imperiosa necesidad de implementar políticas públicas para sustituir el asbesto de forma segura y brindar apoyo a las personas afectadas por la exposición al mismo. 

Es fundamental que se cumplan los plazos de atención médica a personas expuestas establecidos por la Ley Ana Cecilia Niño, y que se realice un seguimiento de sus estados de salud para abordar los efectos a largo plazo de esta sustancia potencialmente mortal. 

Asimismo, es crucial que continúe avanzando la investigación científica sobre la presencia de asbesto en Colombia, para conocer fehacientemente cuántas personas se ven afectadas por enfermedades como el cáncer de pulmón o el mesotelioma maligno como consecuencia directa de la inhalación de asbesto. 

Finalmente, para combatir a esta epidemia silenciosa, es necesario que las autoridades del Ministerio de Salud lleven a cabo un monitoreo constante en las áreas donde se utilizó este material para evaluar la concentración de fibras de asbesto, y que se apliquen sanciones ejemplares a aquellas empresas que incumplan la Ley 1968.