¿Qué países sufrieron más desastres naturales en los últimos 24 años?


Desde el huracán María en Dominica hasta el terremoto y tsunami de Tōhoku en Japón, los desastres naturales provocan pérdidas humanas y económicas incalculables. Pero gracias a un reciente estudio realizado por Intersec (una empresa líder en análisis de datos geoespaciales), ha sido posible cuantificar cuáles fueron los países más afectados del planeta entre los años 2000 y 2024.
En el Top 3 de las naciones más vulneradas por los fenómenos climáticos extremos durante estos años se encuentran 3 países del continente americano: Dominica, Bahamas y los Estados Unidos. Estos datos revelan cómo los desastres naturales no solo destruyen vidas, sino también economías enteras. Por eso, organizaciones ambientalistas como Greenpeace luchan día a día para que las autoridades mundiales tomen medidas que contribuyan a mitigar los efectos del cambio climático y, de esta forma, evitar futuras catástrofes.
3 países devastados por desastres naturales
La apocalíptica lista de Intersec se encuentra encabezada por Dominica, una isla del Caribe que fue impactada por el huracán María en 2017. Con la llegada de este fenómeno extremo, el país (que apenas supera los 66 mil habitantes) perdió a casi un ¡40% de su población! Pero además de las vidas humanas, la isla sufrió pérdidas económicas por un valor de casi 2 mil millones de dólares.
En segundo lugar de la lista se ubica Bahamas, que como consecuencia de eventos climáticos como el huracán Dorian (ocurrido en 2019) perdió a ¡más de 116 mil habitantes y enfrentó daños económicos que superaron los 6 mil millones de dólares! Los expertos de Intersec explicaron que las islas caribeñas encabezan la tabla por el alto índice de daños per cápita que padecieron.
La población masiva de Estados Unidos, en cambio, redujo su impacto per cápita. Pero esta potencia mundial se ubica en el tercer lugar de la lista debido a que posee las pérdidas económicas más altas del estudio: ¡casi 14 mil millones de dólares! Los eventos más catastróficos fueron el huracán Irma (ocurrido en 2017) y el reciente huracán Milton.
¿Cómo influye el cambio climático en el aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes?

Uno de los fenómenos climáticos extremos que más daño han generado en los últimos 24 años son los huracanes, cuya intensidad y frecuencia ha ido en aumento como consecuencia del cambio climático. Esto sucede porque, al calentarse las aguas oceánicas, los huracanes encuentran más energía para fortalecerse y mantener su poder destructivo por períodos de tiempo más largos.
Por otro lado, a medida que aumenta el nivel del mar las marejadas ciclónicas empujan grandes cantidades de agua hacia la costa, lo que provoca inundaciones que pueden ser devastadoras, especialmente en áreas bajas y cercanas al mar. El huracán María, que con vientos de más de 250 kilómetros por hora devastó Dominica y Puerto Rico, es un claro ejemplo de cómo estas tormentas se han ido volviendo cada vez más letales.
¿Cómo golpean las catástrofes naturales al bolsillo del planeta?
El costo económico de los desastres naturales no discrimina. Grandes potencias y países sub desarrollados se ven afectados por igual ante el impacto de huracanes, terremotos o tsunamis. De acuerdo con el estudio de Intersec, Estados Unidos sufrió el impacto económico promedio más alto que dejó grandes cicatrices en su infraestructura de las que aún intenta recuperarse.
Del otro lado del mundo, Japón reportó pérdidas de ¡2,35 billones de dólares!, luego de sufrir el terremoto y el tsunami de Tōhoku en 2011. Estos fenómenos no solo afectaron a su población sino también a su capacidad industrial. Mientras que Nueva Zelanda, a pesar de ser un país pequeño en términos de población y territorio, enfrentó daños por 35 mil millones de dólares como resultado del terremoto de Christchurch, en 2011.

Las catástrofes naturales suelen destruir infraestructuras indispensables para la sociedad, como hospitales, escuelas y redes de transporte, además de poner un freno a las economías locales y globales. En la mayoría de los casos, reconstruir lo dañado puede tomar décadas y demandar enormes recursos financieros que, de no haber ocurrido estas tragedias, podrían haberse utilizado para prevenir futuros desastres o combatir los efectos del cambio climático.
