Qué hace Chile con las 200 mil toneladas de basura electrónica que genera cada año
El tratamiento de basura electrónica se hace a todavía a baja escala, aunque una ley de responsabilidad extendida del productor, pronta a implementarse, cambiará el escenario.
De acuerdo con datos recabados por el Ministerio de Medioambiente, en Chile se producen 197 mil toneladas de basura electrónica al año. ¿Cuánto de esos dispositivos eléctricos y electrónicos se reciclan? Apenas un 3,4%. Es decir que, si en promedio cada habitante chileno genera 9,6 kilogramos de basura electrónica al año, solo 320 gramos de sus equipos tecnológicos llegan a ser recuperados y reutilizados.
Este no es solo un problema de Chile. De hecho, se calcula que a nivel mundial la producción de basura electrónica alcanza los 50 millones de toneladas anuales. Pero si estimamos que en cada hogar chileno existe un promedio de 40 equipos tecnológicos (desde dispositivos como tablets, celulares y computadores, hasta electrodomésticos como refrigeradores o lavadoras), el panorama nacional se vuelve desolador.
IMAGEN 1: https://www.shutterstock.com/es/image-photo/used-alkaline-batteries-lie-soil-where-1075350593
Los residuos eléctricos y electrónicos son peligrosos. Al estar fabricados con materiales tóxicos como mercurio, cromo, plomo o cadmio, representan un riesgo para la salud de los seres humanos y para el planeta. Como ya han advertido expertos de organizaciones ambientales, como Greenpeace o Círculo Rep, las sustancias presentes en la basura electrónica son extremadamente contaminantes.
Cuando estos metales pesados se descartan en basureros, tienen un impacto negativo en el medioambiente, contaminando las aguas, el suelo o el aire. Pero además, si son manipulados por recolectores de basura, pueden producir afecciones cutáneas o respiratorias, e incluso enfermedades mortales como el cáncer.
Vida útil cada vez más inútil…
A medida que las tecnologías fueron avanzando y la vida moderna se digitalizó, la necesidad del público de tener “el último modelo” se volvió una costumbre. Y las empresas de dispositivos eléctricos y electrónicos tomaron esta necesidad y encontraron una forma de garantizar sus ganancias ad eternum. ¿Cómo bautizaron a su maquiavélico plan? Obsolescencia programada.
Los fabricantes de productos electrónicos comenzaron a planificar y reducir el tiempo de vida útil de sus productos. Esto explica por qué, tras un tiempo determinado, dispositivos como tablets, celulares, impresoras, lavadoras y hasta secadoras de cabello comienzan a fallar sin razón aparente. En algunos casos, simplemente se apagan para no volver a encender. Eso es la obsolescencia programada.
La cereza del pastel de esta acción intencional para seguir acumulando ganancias es la imposibilidad de los consumidores de reparar sus dispositivos. A veces porque el costo de la reparación es más alto que el de un nuevo aparato. Otras, porque los repuestos ni siquiera existen. Incluso hay dispositivos que son especialmente diseñados para que no se los pueda desmontar. Esto obliga a los usuarios a comprar continuamente nuevos productos.
¿Cómo lucha Chile contra la obsolescencia programada?
Desde 2016, la sanción de la Ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor (REP) obliga a productores e importadores de productos eléctricos y electrónicos a responsabilizarse de sus aparatos cuando se termina su vida útil. Esta legislación para la gestión de basura electrónica existe en varios países del mundo y ha demostrado ser eficaz para disminuir la contaminación.
La REP también establece que las empresas sean responsables de financiar la recolección y el tratamiento de los residuos electrónicos por gestores autorizados. Además, dispone metas de reciclaje que los productores deben alcanzar cada año.
Gracias a esta ley, el gobierno se asegura que una parte de los componentes reutilizables de estos productos vuelvan a la cadena productiva. Muchos aparatos electrónicos están compuestos de metales preciosos como oro, cobre o hierro, que poseen un alto valor económico y pueden ser recuperados en fundiciones o fábricas.
¿Qué más se puede hacer?
Gracias a la ley de responsabilidad extendida han surgido varios emprendimientos de reciclaje. Sin embargo, la sanción de esta legislación es solo un pequeño paso. Si Chile pretende solucionar realmente la problemática de la basura electrónica es fundamental educar a la población y exigir a las empresas una mayor conciencia ambiental.
El Estado debe financiar campañas de sensibilización en las escuelas, la televisión y las redes sociales. Solo así se logrará que cada ciudadano se involucre en la gestión de su propia basura electrónica cuando los aparatos alcanzan su vida útil.
Actualmente, existen iniciativas que buscan orientar a los consumidores para que elijan productos con mayor vida útil, o que puedan ser reparados. Los índices de recuperabilidad permitirían que los ciudadanos chilenos conozcan de antemano qué dispositivos tienen mejores puntuaciones medioambientales, para hacer una elección informada.
Pero además, es necesario que el gobierno chileno exija a los productores de dispositivos eléctricos y electrónicos que la durabilidad de sus productos se extienda. La problemática de la basura electrónica en Chile y a nivel mundial requiere de una acción urgente y decidida. Solo a través de acciones integrales y colaborativas se podrá enfrentar eficazmente el desafío de la basura electrónica y proteger tanto la salud humana como el medioambiente para las futuras generaciones.
