Saltar al contenido

Por qué el aire contaminado nos quita años de vida

La contaminación atmosférica causada por las industrias, el transporte y el uso de combustibles fósiles ha ido haciendo mella en la salud del planeta. Pero investigaciones recientes advierten que además, la baja calidad del aire contaminado afecta seriamente la salud de los seres humanos. ¿De qué manera? Reduciendo nuestra esperanza de vida.  

Y es que a partir de la Revolución Industrial, nos hemos ido acostumbrando a convivir con esta amenaza invisible e ineludible. Y es que respirar aire contaminado no solo puede acortar nuestro tiempo en la Tierra, sino que además puede tener consecuencias terribles en nuestra salud. 

Contaminación atmosférica: una amenaza invisible

De acuerdo con investigaciones llevadas a cabo por científicos del Instituto de Política Energética de la Universidad de Chicago (EPIC), la contaminación del aire, popularmente conocida como smog, ha disminuido la esperanza de vida en todo el planeta.

Los números son aterradores: se calcula que, en promedio, vivimos 2,2 años menos que nuestros antepasados como consecuencia de los gases, los pesticidas y otros químicos que contaminan el aire que respiramos. Pero en regiones altamente contaminadas, como Bangladesh, India o Irak, la media de vida puede reducirse ¡hasta 5 años! 

Según datos del último World Air Quality Report, difundidos por Greenpeace en su página web, el 50% de los habitantes de América Latina respira aire contaminado. De hecho, Perú y Chile se encuentran entre los países con mayor contaminación del aire del mundo. Estos registros demuestran la magnitud de esta amenaza directa para la vida de los seres humanos.  

Cómo quisiera, poder vivir sin… enfermedades crónicas 

El impacto de la contaminación aérea en la salud no tiene límites. Los expertos señalan que respirar aire contaminado durante un período de tiempo prolongado juega un papel clave en el desarrollo de enfermedades crónicas. Estas dolencias no solo afectan la calidad de vida de las personas, sino que pueden acortar sus vidas. 

Cuando las partículas más finas presentes en el aire, capaces de infiltrarse en el sistema respiratorio, ingresan al torrente sanguíneo desencadenan un proceso inflamatorio que aumenta el riesgo de padecer problemas de salud a largo plazo. Enfermedades pulmonares, afecciones cardíacas, derrames cerebrales, diabetes y hasta trastornos mentales como demencia o alzhéimer, son solo algunos de los padecimientos que pueden relacionarse directamente con la baja calidad del aire. 

¿Existe una salida? El ejemplo asiático

La lucha contra la contaminación atmosférica puede resultar abrumadora, pero hay ejemplos alentadores del otro lado del mundo que prueban que es posible lograr un cambio significativo. Solo 7 años de políticas ambientales bastaron para que China lograra una reducción de la contaminación del aire similar a la que Estados Unidos ha tenido en las últimas 3 décadas. 

Si bien el país asiático continúa a la cabeza de la lista de los que más contaminan en el mundo, en 2013 el país realizó una inversión de más de 350 millones de dólares para llevar a cabo su Plan de Acción Nacional de Calidad del Aire. ¿El objetivo? Disminuir un 35% la polución del aire, que en ese momento estaba 10 veces por encima de los niveles recomendados por la OMS.

Para lograrlo, el gobierno chino prohibió el establecimiento de nuevas plantas de carbón y obligó a las existentes a reducir sus emisiones de gases contaminantes. Además, limitó la cantidad de automóviles en sus principales ciudades, como Pekín o Shanghái. Gracias a estas medidas, las autoridades chinas lograron una reducción de partículas contaminantes superior al 40%. Este ejemplo deja clara la importancia de la acción gubernamental para luchar contra la contaminación atmosférica. 

Acciones para evitar un aire contaminado

En la mayoría de los países, la principal causas de contaminación del aire es la producción de energía a través de la quema de carbón, gas natural o petróleo. Una buena forma de comenzar a disminuir las partículas contaminantes es que los gobiernos incentiven el traspaso a energías limpias, como la fotovoltaica o la eólica. 

Pero además, es importante reemplazar los vehículos de combustión interna por alternativas eléctricas y reducir la exposición innecesaria en áreas altamente contaminadas, como las áreas rurales destinadas a basurales a cielo abierto o los campos fumigados con agroquímicos. Pero nada de esto será posible a menos que los gobiernos de todo el mundo adopten regulaciones más estrictas basadas en la última evidencia científica para proteger la salud de sus ciudadanos.