La sexta gran extinción ha comenzado


Jane Goodall, una de las conservacionistas más renombradas del planeta, ha confirmado que la Tierra está atravesando su sexta gran extinción. Durante una reciente visita a Chile, la reconocida experta en primates explicó que este fenómeno (también conocido como extinción del Antropoceno, por el rol del hombre) está afectando a miles de especies en todo el mundo.
En agosto de 2024, Goodall brindó una charla con jóvenes del programa Roots & Shoots en el Museo Interactivo Mirador en la que hizo énfasis sobre la importancia de la educación ambiental. Además, recibió la Medalla Pablo Neruda y un Doctorado Honoris Causa (otorgado por la Universidad de Chile) por su compromiso con el cuidado del planeta y la ciencia.
Y en su conferencia magistral, «Razones para la esperanza», presentada en el Teatro CorpArtes, Goodall enfatizó la necesidad de restaurar los ecosistemas dañados, afirmando que aún es posible regenerar lo destruido, pero que es necesario actuar con urgencia. Este mensaje brindó una luz de esperanza entre los miembros de organizaciones ecologistas como Greenpeace Chile, que daca día luchan contra la crisis ambiental en el país.
¿Qué es la sexta gran extinción?
La sexta extinción masiva está directamente vinculada con las actividades humanas. A diferencia de las cinco extinciones anteriores, causadas por eventos naturales como el impacto de asteroides o cambios climáticos extremos, esta extinción está siendo impulsada por factores como la sobreexplotación de recursos, la destrucción de hábitats y el cambio climático acelerado.
De acuerdo con National Geographic, estas acciones han llevado a una pérdida de biodiversidad sin precedentes, poniendo en peligro a cientos de miles de especies. De hecho, investigaciones como la del experto Gerardo Ceballos (de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicada en la revista científica Science en 2015, demuestran que ¡la tasa de extinción actual es 100 veces mayor a la de otros periodos!
Otros estudios, como el liderado por Robert Cowie en 2022, estiman que en los últimos 500 años han desaparecido entre el 7,5 % y el 13 % de las especies conocidas de invertebrados. Esto quiere decir que unas 260 mil especies se extinguieron por causa del hombre. Estas tasas de extinción son son más altas en las regiones tropicales del planeta, donde la biodiversidad es mayor, lo que vuelve aún peor la situación.
¿Por qué está sucediendo esto?

Básicamente, por culpa de los seres humanos. Las prácticas humanas insostenibles: como la deforestación masiva, la agricultura industrial, la dependencia de combustibles fósiles, la pesca de arrastre y la contaminación plástica (entre otros) están destruyendo los ecosistemas a un ritmo acelerado nunca antes visto.
La agricultura industrial por ejemplo destruye hábitats naturales como bosques y humedales para plantar monocultivos, degradando los suelos y emitiendo enormes cantidades de gases de efecto invernadero. La deforestación, por su parte, especialmente en regiones como el Amazonas, afecta a miles de especies, incluidas aves y mamíferos, muchas de ellas en peligro crítico de extinción.
La urbanización sin control y la contaminación plástica son igualmente devastadoras. Se estima que cada año 12 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos, afectando a más de 800 especies marinas, desde tortugas hasta ballenas. Mientras que en tierra firme, las ciudades invaden los espacios naturales, fragmentando hábitats esenciales para la supervivencia de múltiples especies.
De acuerdo con un informe del Living Planet Index, ¡las poblaciones de vertebrados disminuyeron un promedio del 68 % desde 1970! Según Goodall, la única forma de dar vuelta la rueda es a través de políticas ambientales que faciliten la transición hacia fuentes de energía sostenibles y la protección de los ecosistemas.
¿Hay vuelta atrás?
A pesar de la magnitud de la crisis, revertir la sexta gran extinción es posible. Incluso hay ejemplos que demuestran que así es, como los programas de reforestación en la Amazonía o la reintroducción del lobo gris en Yellowstone, que han demostrado que los ecosistemas se pueden regenerar cuando se les da la oportunidad.
En Sudamérica, la población de ballenas jorobadas, que años atrás estuvo al borde de la extinción por la caza indiscriminada se ha ido recuperando gracias a regulaciones internacionales y, según la Comisión Ballenera Internacional, en las últimas décadas han alcanzado el 90 % de su población histórica en algunos sectores del Océano Atlántico.

Pero nada cambiará al menos que se solucione uno de los problemas principales para la pérdida de biodiversidad: los gases de efecto invernadero. Por eso es necesario reducir la huella de carbono reemplazando los combustibles fósiles por energías renovables como la solar o la eólica. Además es imprescindible que se respeten acuerdos como el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal para proteger ecosistemas clave para el futuro del planeta.
