La importancia del agua para combatir el cambio climático


El cambio climático continúa su avance implacable generando olas de calor extremas y sequías en varias regiones del planeta. Pero los efectos de estos fenómenos climáticos no son iguales en cada país. Aquellos lugares sin acceso directo al agua sufren en mayor medida los efectos del calentamiento global.
Esto se debe a que el agua potable es un recurso esencial. No solo para la vida cotidiana, sino también para el desarrollo económico y la salud de los ecosistemas. A través de este elemento vital se producen alimentos, energía y se garantiza el bienestar de las personas, por lo que es imprescindible gestionar este recurso de forma adecuada.
Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró durante el mes de agosto la Semana Mundial del Agua. En la ciudad de Estocolmo (Suecia) y bajo el lema “Agua para la acción climática”, los líderes del mundo se reunieron para mostrar cómo el manejo eficiente del agua puede contribuir a mitigar los efectos del cambio climático y contribuir a que las comunidades más vulnerables padezcan menos los efectos de su escasez.
En la actualidad, se estima que más de 2200 millones de personas en el mundo siguen sin tener acceso a agua potable segura. Y a medida que los recursos hídricos van disminuyendo (como consecuencia de la contaminación y el cambio climático), esta situación no hace más que empeorar.
¿Cómo afectan el cambio climático y la falta de agua a las comunidades sin litoral?
En las regiones más alejadas de fuentes de agua potable, y especialmente en aquellos países que no cuentan con litoral, el acceso al agua es imprescindible para mejorar la calidad de vida y generar oportunidades económicas para sus habitantes.
Las personas que viven en estas áreas dependen de soluciones innovadoras para garantizar su consumo diario y proteger la salud de sus familias. Para lograr este objetivo, ONU-Agua, el organismo que coordina la labor de la ONU en materia de agua y saneamiento, organizó este encuentro del que participaron naciones sin acceso directo al mar que han logrado mejorar su gestión del agua. Entre ellas Bután, Ruanda y Arabia Saudita.

La idea es que otros países que están actualmente en la misma situación puedan aprender de estas experiencias y adoptar nuevas estrategias para que el agua llegue a sus comunidades. El intercambio de conocimientos es fundamental para que cada país pueda gestionar de manera sostenible sus recursos hídricos, adaptarse a las condiciones climáticas extremas y ser menos vulnerable a las sequías y la contaminación.
Mujeres y niñas, las más afectadas por la falta de agua
Como sucede con muchas otras situaciones de vulnerabilidad, la falta de acceso al agua potable afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas. Esto sucede porque, por lo general, ellas son las encargadas de recolectar agua en sus comunidades, lo que limita su tiempo para estudiar, trabajar o participar en actividades recreativas.
La falta de higiene y agua segura también aumenta los riesgos de que contraigan enfermedades, especialmente en contextos de pobreza extrema. Por este motivo, organizaciones ambientalistas como Greenpeace vienen luchando desde hace años para que puedan acceder a un suministro confiable y seguro.
Sin inversión, no hay futuro
Uno de los temas centrales en la Semana Mundial del Agua es la creación de mecanismos de financiación que aseguren un acceso universal y seguro a este recurso vital. Es por eso que expertos y donantes se congregaron en Suecia para ver de qué manera los países implicados, el sector privado y los organismos internacionales pueden trabajar juntos para mejorar la situación.
Estas soluciones buscan superar las limitaciones presupuestarias que afectan la construcción de infraestructura, el mantenimiento de sistemas de agua potable y la implementación de programas de saneamiento e higiene. Lo más importante es que se trate de avances duraderos y que contribuyan a combatir el calentamiento global.

Además, en la reunión se promovió la creación de alianzas para incentivar la inversión en tecnologías limpias y soluciones comunitarias que combinen el acceso al agua, la protección del medioambiente y el desarrollo económico de las regiones afectadas.
