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La crisis hídrica en Chile es una realidad permanente que exige compromiso colectivo

Vista aérea de un embalse casi seco rodeado de montañas y tierras áridas, mostrando el impacto de la sequía.

La segunda edición del «Barómetro Ciudadano sobre la Crisis Hídrica», elaborada por la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Sanitarios (Andess) junto a Criteria, refleja con claridad cómo ha evolucionado la percepción social respecto al agua y al cambio climático en Chile. A partir de encuestas aplicadas a mayores de 18 años —1.200 casos representativos por zona, edad, sexo y nivel socioeconómico— se busca conocer en profundidad la relación de las personas con el recurso hídrico. El informe divide sus hallazgos en tres ejes: cambio climático, vínculo con el agua y percepción sobre la crisis hídrica.

Uno de los resultados centrales de este estudio es que la población ya no ve el cambio climático como una amenaza futura, sino como una situación actual a la que se debe responder. Este giro en la comprensión se manifiesta especialmente en la manera en que las personas identifican sus consecuencias: las olas de calor son señaladas como su manifestación más directa, aunque la forma en que se experimentan varía según la zona geográfica. En el norte preocupa la falta de agua; en el centro-sur, los incendios forestales; y en el sur austral, el derretimiento de los glaciares.

Las personas ya asumen que la crisis hídrica llegó para quedarse

Aunque en 2024 las lluvias se aproximaron al promedio histórico, la percepción mayoritaria es que el problema del agua no desaparecerá. La ciudadanía no espera una reversión de esta situación, sino que asume que la escasez hídrica forma parte de su vida cotidiana. Esta conclusión se extrae del informe que, según la presidenta ejecutiva de Andess, Lorena Schmitt, representa una herramienta valiosa para interpretar cómo se reconfigura la conducta de las personas en relación con el agua. Ella sostiene que la gente ha comenzado a entender que el cambio climático no es una amenaza lejana, sino una transformación que ya moldea su vida diaria, sus expectativas frente a las instituciones y sus exigencias hacia las industrias.

El estudio también evidencia diferencias territoriales en la forma en que se percibe esta transformación. En el norte del país, las sequías ocupan el primer lugar entre las preocupaciones. En la zona centro-sur, los incendios forestales se han vuelto cada vez más frecuentes y, en el sur, el retroceso de los glaciares se percibe como una señal grave del desequilibrio ambiental. Todo esto refuerza la idea de que el cambio climático y la crisis hídrica no son fenómenos homogéneos, sino que adoptan distintas formas según el entorno.

Aumenta el uso directo de agua de la llave por parte de la ciudadanía

Uno de los hallazgos más significativos es el crecimiento de la confianza en el agua potable disponible en los hogares. El uso directo del agua de la llave ha aumentado considerablemente en distintas actividades. Según el barómetro, el 90% de las personas declara usarla para lavar alimentos, el 72% para cocinar y el 50% la bebe directamente. Este cambio representa una tendencia positiva que también se refleja en hábitos cotidianos de cuidado, como cerrar el grifo cuando no se está utilizando, algo que más del 80% de los encuestados afirma hacer regularmente.

Cristián Valdivieso, director ejecutivo de Criteria, señala que estudiar la percepción ciudadana permite comprender cómo se enfrentan desafíos globales como el cambio climático. Para él, esta investigación ayuda a detectar diferencias regionales y a diseñar campañas más eficaces, adaptadas a cada zona. También destaca que la preferencia por el agua de la llave, frente a otras alternativas como el agua embotellada o los sistemas de purificación, marca un cambio importante en el comportamiento de consumo.

Desde Andess atribuyen este giro a dos factores esenciales: la confianza en la calidad del agua potable urbana y su bajo costo. Indican que beber agua en ciudades chilenas es seguro, tal como lo muestran los índices de salud pública relacionados con el acceso a agua potable y saneamiento. Además, el precio promedio por litro es de 1,6 pesos, e incluye producción, distribución y tratamiento de aguas servidas. Este valor resulta muy bajo en comparación con el agua envasada. A pesar de que las fuentes naturales de agua están disminuyendo, las empresas aseguran que el suministro urbano sigue siendo oportuno, suficiente y seguro. Además, el 100% de las aguas servidas recolectadas en zonas urbanas son tratadas antes de regresar al medio ambiente.

La crisis hídrica es un problema complejo que requiere colaboración multisectorial

Los resultados del barómetro muestran que el tema del agua está muy presente en la conciencia pública. El 83% de los encuestados asegura haber visto, oído o leído sobre la crisis hídrica, y el 81% considera que se trata de un asunto muy importante en su vida. No obstante, el 78% reconoce que no maneja suficiente información al respecto, y el 80% cree que en Chile existe poca o nula conciencia colectiva sobre esta problemática, incluso cuando las campañas por parte de las organizaciones ambientalistas, como Greenpeace Chile, alertando sobre las consecuencias del cambio climático desde hace décadas.

Este panorama refuerza la noción de que la escasez de agua es una situación permanente que exige adaptación. También se fortalece la idea de que se trata de un problema multifacético que no podrá resolverse sin un esfuerzo conjunto. Dentro de los actores involucrados, las empresas de agua y saneamiento son percibidas como las que más se esfuerzan por proteger el recurso, seguidas por el sector agrícola. Ambas superan, en percepción ciudadana, a otras instituciones en cuanto al trabajo realizado frente a la emergencia hídrica.

Lorena Schmitt remarca que existe una clara demanda de información por parte del público. En su opinión, tanto las autoridades como las empresas deben intensificar sus esfuerzos educativos para explicar cómo se manifiesta esta crisis en distintas partes del país, y también para visibilizar las acciones que realizan cotidianamente para asegurar el abastecimiento de agua en condiciones climáticas adversas.

Los hábitos cotidianos de ahorro de agua ganan protagonismo

Un dato relevante es el alto porcentaje de personas dispuestas a adoptar medidas para cuidar el agua: el 98% de los encuestados afirma haber puesto en práctica o estar dispuesto a implementar alguna acción en este sentido. Entre las conductas más comunes, el 87% señala que cierra la llave mientras se cepilla los dientes; el 77% lo hace al lavar la loza, especialmente al aplicar detergentes; y el 50% afirma que apaga la ducha mientras se enjabona.

Este tipo de prácticas demuestra que la ciudadanía no solo está atenta, sino también comprometida con la gestión responsable del agua. Desde Andess enfatizan que esta investigación, publicada en el marco del Día Mundial del Agua, sirve para reafirmar que la crisis hídrica es un desafío constante. Destacan además que las empresas del sector sanitario están trabajando activamente para mantener un suministro confiable, a pesar de las dificultades impuestas por el cambio climático. Finalmente, subrayan que cada actor —Estado, industria y ciudadanía— debe asumir un papel activo y fomentar medidas concretas para usar responsablemente este recurso vital.

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