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La contaminación del aire en Santiago no da tregua

La contaminación del aire en Santiago de Chile continúa empeorando año a año. La geografía de la ciudad capitalina, rodeada de cerros que impiden la circulación del aire hace que cada invierno se transforme en una trampa donde respirar se vuelve perjudicial para la salud. A esto se suman las bajas temperaturas, que provocan que el esmog queda atrapado en la atmósfera, formando una capa gris que se puede apreciar a simple vista. 

Esta situación crónica suele repetirse entre los meses de mayo y agosto, afectando la salud de millones de personas. Sin ir más lejos, el último 8 de junio, ¡Santiago se convirtió en la quinta ciudad más contaminada del mundo! Así lo corroboró la plataforma internacional IQAir, que se encarga de medir la contaminación aérea del planeta. 

Como ya se ha hecho costumbre, las autoridades decretaron la Preemergencia Ambiental. Y aunque la situación mejoró levemente al día siguiente, la Alerta Ambiental se mantuvo durante algunos días debido a que no había pronóstico de vientos costeros que pudieran movilizar el aire contaminado. 

Durante esta Alerta Ambiental está prohibido encender calefactores a leña en toda la región Metropolitana para evitar que la polución aumente. Además, se suspenden las quemas agrícolas y se aplica una restricción vehicular a aquellos vehículos que no cuentan con el Sello Verde. 

¿Qué costo tiene la contaminación del aire en la salud pública de Chile? 

La contaminación del aire no solo ensucia el cielo: también enferma a quienes lo respiran. De acuerdo con datos provistos por el Ministerio del Medio Ambiente y la OMS, la contaminación atmosférica provoca cerca de ¡4 mil muertes prematuras al año en Chile! Las afecciones más frecuentes son crisis por asma, bronquitis, enfermedades cardiovasculares y neurológicas.  

¿Quiénes son los que más sufren las consecuencias de la contaminación ambiental? Como de costumbre, los más afectados son los niños, los adultos mayores y las personas con enfermedades preexistentes. Pero por si esto no fuera motivo suficiente para poner un alto a la contaminación del aire, cada invierno los hospitales públicos reportan un aumento del 30% en las consultas respiratorias. 

Esto nos solo sobrecarga el sistema de salud, sino que genera gastos millonarios. La Sociedad Chilena de Medicina Respiratoria estima que cada se gastan más de 670 millones de dólares en atender pacientes con problemas respiratorios derivados de la polución. A esto se suman los días laborales perdidos por los adultos, o que los chicos deban faltar a clases para no exponerse al aire contaminado. 

¿Qué se puede hacer para enfrentar la crisis de contaminación del aire?

Los expertos de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile son claros, no alcanza con restricciones temporales. Para mejorar la calidad del aire de una vez por todas es necesario transformar el modelo energético del país. Se debe dejar atrás el carbón y reemplazarlo por fuentes de energía sostenibles como la solar o la eólica. 

Por otro lado es importante realizar una transición en cuanto a los medios de transporte (responsables del 28% de las emisiones del país), sobre todo en lo que respecta al transporte público, que debería ser 100% eléctrico.

Pero además, es esencial modificar los medios de calefacción de los hogares chilenos. En el centro y sur del país, las emisiones de esmog provienen mayormente del uso de estufas a leña. Según datos del Ministerio del Medio Ambiente, en ciudades como Temuco ¡un 94% de las emisiones provienen de esta fuente! 

Finalmente es necesario pensar en una nueva planificación urbana para Santiago. El crecimiento descontrolado de la capital, con muy pocos árboles está agravando el problema. No por nada la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) recomienda una buena cobertura arbórea para lograr reducir hasta un 30% la contaminación del aire local. 

Aún no es tarde para cambiar el rumbo

Cada invierno, Santiago se enfrenta con el mismo problema: el esmog. Ya cada año, los expertos recomiendan la misma solución: transicionar hacia energías limpias. La crisis ambiental y de salud que vive la ciudad no es otra cosa que el resultado de años de inacción y falta de voluntad política. Por eso es necesario que se declare a la calidad del aire como una prioridad nacional. 

De esta forma se garantizará que haya más recursos y que los gobiernos de cada ciudad pongan manos a la obra para que todos los chilenos puedan respirar aire puro, sin importar su lugar de residencia o su condición económica. El futuro de Santiago y de todos sus habitantes depende de las decisiones que se tomen hoy. 

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