Saltar al contenido

 Greenpeace alertó sobre la urgencia de optimizar la gestión del agua en la agricultura

La pandemia de COVID-19 generó un retroceso significativo en varios de los avances alcanzados en el ámbito humanitario, con consecuencias que afectan directamente a las poblaciones más vulnerables. Un claro ejemplo de esto es el acceso a alimentos, que se vio gravemente afectado. De acuerdo con el Reporte Global sobre Crisis Alimentaria publicado en 2024 por la Food Security Information Network (FSIN), más de 281 millones de personas enfrentan hoy altos niveles de inseguridad alimentaria, una cifra alarmante impulsada por los conflictos globales, el aumento de los precios de los alimentos y la crisis climática.

Este escenario, sin embargo, presenta una oportunidad de cambio en el sector agrícola, el cual juega un papel clave para revertir la crisis alimentaria, pero que enfrenta también serios desafíos. La crisis climática, y particularmente la escasez de agua, es uno de los principales obstáculos. No solo afecta al sector en términos de producción, sino que también pone en riesgo la vida de las comunidades que habitan las zonas agrícolas. La sobreexplotación de los recursos naturales, como el agua y los suelos, está llevando al agotamiento de los ecosistemas y, con ello, a un empeoramiento de las condiciones de vida de muchas personas, que se ven cada vez más vulnerables ante la crisis ambiental y la escasez de recursos.

Escasez hídrica en chile, un desafío creciente

En el contexto chileno, la situación es particularmente alarmante. El informe Seguridad Hídrica en Chile: Caracterización y perspectivas de futuro, elaborado por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)², indica que la mayoría de las cuencas entre las regiones de Coquimbo y Maule, áreas de importancia agrícola, han experimentado niveles extremos de estrés hídrico durante la última década. Este fenómeno ha sido causado principalmente por el incremento en el consumo de agua, debido al desarrollo de industrias agrícolas y forestales, cuyas demandas de agua han duplicado los niveles previos. En menor medida, la disminución de la disponibilidad de agua superficial también ha influido en esta crisis. Según el informe, la situación ha empeorado progresivamente en los últimos 60 años y continúa afectando a los territorios agrícolas del país.

Impacto global del uso ineficiente del agua en la agricultura

A nivel global, la agricultura es responsable de la mayor parte de la extracción de agua dulce. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), aproximadamente el 69% del agua dulce extraída se destina a la agricultura, lo que refleja una gestión ineficiente de los recursos. Esta ineficiencia no solo está vinculada al uso desmedido del agua en la producción agrícola, sino también al desperdicio de alimentos. Se estima que un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo terminan en la basura, lo que pone en evidencia la necesidad urgente de repensar los modelos de producción agrícola y el uso de los recursos naturales.

En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Agricultura, el 9 de septiembre, es crucial hacer un llamado a la acción dentro del sector agrícola para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos. Las industrias agrícolas deben reducir su consumo de agua y otros recursos naturales, al mismo tiempo que deben comprometerse a aumentar la calidad y la sostenibilidad de los productos. Organizaciones como Greenpeace Chile han subrayado la importancia de estos cambios, instando al sector a adoptar prácticas más sostenibles y responsables, tanto en el ámbito agrícola como en el manejo de los recursos naturales.

Agroecología en la transición hacia la sostenibilidad

Para abordar la crisis hídrica y la crisis alimentaria, es fundamental replantear los modelos actuales de producción agrícola. Según diversos estudios y propuestas impulsadas por organismos como Greenpeace, es necesario promover una transición hacia la agroecología, un enfoque que prioriza el uso sostenible de los recursos y el respeto por los ecosistemas. La agroecología no solo busca mejorar la eficiencia en el uso del agua y los suelos, sino que también promueve el fortalecimiento de las economías rurales, especialmente a través de la agricultura familiar campesina. Este modelo, que pone énfasis en la autosuficiencia y en prácticas agrícolas sostenibles, puede ser una de las soluciones más efectivas para enfrentar los desafíos humanitarios y económicos derivados de la crisis actual.

Agricultura más responsable y sostenible

A pesar de los retos que enfrenta la agricultura, no todo está perdido. La agricultura industrial, que ha dominado el sector durante las últimas décadas, es claramente insostenible a largo plazo. Los efectos destructivos sobre el medio ambiente y las comunidades que dependen de este modelo son cada vez más evidentes. Sin embargo, no es la única opción posible para el futuro. Como señala Greenpeace, es urgente promover otras formas de cultivar que respeten los recursos naturales y protejan el medio ambiente. Los modelos agroecológicos, que priorizan la salud del suelo, la eficiencia en el uso del agua y la biodiversidad, ofrecen un camino hacia un futuro agrícola más sostenible y justo. Es el momento de replantear las prácticas actuales y trabajar juntos para desarrollar soluciones que no solo ayuden a mitigar la crisis climática, sino que también garanticen la seguridad alimentaria a largo plazo para las generaciones venideras.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *