El 78% de los suelos del planeta están más secos que hace 35 años


De acuerdo con un informe presentado recientemente por la ONU durante la COP16 en Arabia Saudita, el 77,6 % de los suelos del planeta presentan niveles de sequedad más altos que los que presentaban hace 3 décadas y media. ¿Cómo podría impactar la desecación en la seguridad alimentaria y los ecosistemas del planeta?
Según el informe de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), este fenómeno ocasionará que hasta 5 mil millones de personas tengan problemas para acceder a recursos básicos como el agua potable o los alimentos para el año 2100. Esto se debe a que, a diferencia de lo que sucede con las sequías temporales, la desecación de los suelos conlleva cambios irreversibles en la capacidad del suelo de retener agua.
El impacto afecta a diversas regiones del planeta de forma similar: desde el Mediterráneo en Europa, hasta el noreste de Brasil y el este de Asia registran niveles alarmantes de desecación. Mientras que en América, el noroeste y el sureste de Argentina, el oeste de Estados Unidos y la Península de Yucatán, en México, han sido señalados como «puntos calientes» debido a que se están convirtiendo en zonas áridas de forma acelerada.
La desecación del suelo a nivel mundial, en números
El informe de la UNCCD destaca que ¡el 40,6 % de la superficie terrestre! ya cumple con los parámetros necesarios para ser considerada «tierra seca». De hecho, en los últimos 30 años las áreas de este tipo superaron la extensión de la India. Este fenómeno afecta especialmente a regiones como Europa, donde el 95 % del suelo está más seco que en 1990, y a países de África y Medio Oriente, donde la desertificación ya es una realidad con la que conviven día a día.
La desecación genera que los ecosistemas no sean capaces de sostener su biodiversidad, ni de producir alimentos. Por este motivo, el informe revela que para el año 2040 (¡dentro de solo 15 años!) habrá una caída de 60 millones de toneladas en los cultivos mundiales de cereales clave para la alimentación como el trigo, el maíz y el arroz.

Además, los científicos han advertido que, a menos que se tomen medidas inmediatas, los suelos fértiles continuarán desapareciendo de forma cada vez más rápida. Esta problemática, a su vez, traerá aparejadas nuevas dificultades como el hambre, las migraciones masivas y la inestabilidad económica (especialmente en las regiones más vulnerables del planeta).
¿Por qué la tierra se está secando?
De acuerdo con los expertos y miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace, el principal motor de la desecación es el cambio climático. La quema de combustibles fósiles (gas y petróleo) incrementa las temperaturas globales y altera los patrones de lluvias. A esto se suman actividades humanas como la deforestación, la expansión agrícola y el mal uso del agua, que no hacen más que agravar el problema haciendo que los suelos pierdan su capacidad natural de retener el agua.
Sin ir más lejos, se estima que para finales de este siglo la capacidad del suelo de absorber agua disminuirá en un 67 %. Esto no hará más que intensificar la desertificación tanto en las zonas rurales, donde la producción agrícola ya muestra señales de este efecto, como en las áreas urbanas, donde las temperaturas serán insoportables por la falta de sombra.
Otro efecto devastador será el de la incrementación de los incendios forestales, que al ser cada vez más frecuentes, contribuirán a empeorar la situación. Esto se debe a que la vegetación actúa como una capa de protección de los suelos, pero cuando el fuego la destruye, deja vastas áreas expuestas a la erosión, acelerando su transformación en tierras áridas.
Manos a la obra: ¿qué se puede hacer para frenar la desecación?

Los expertos de la UNCCD han hecho hincapié en que aún es posible revertir la desecación de los suelos del planeta. Sin embargo, esto requerirá de un esfuerzo conjunto de todos los líderes del mundo. El objetivo principal debe ser reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. De este modo será posible mitigar el cambio climático y estabilizar los ecosistemas.
Pero además existen otras soluciones que tiene que ver con la adopción de prácticas agrícolas regenerativas, como la rotación de cultivos y el uso de tecnologías de riego más eficientes (y sostenibles). A su vez, en las regiones que ya se han visto afectadas se pueden instaurar proyectos de reforestación y de recuperación de los suelos degradados, para ayudarlos a recuperar su capacidad de absorber agua.
Finalmente, es importante que programas de ayuda internacional como el «Gran Muro Verde» en África o políticas de manejo de agua como las que se han establecido en las últimas décadas en países como Australia sirvan de ejemplo para otras naciones afectadas.
