Saltar al contenido

¿Cómo afectan la contaminación ambiental a las mujeres embarazadas? 

Grupo de mujeres manifestándose en las escalinatas de un edificio, vistiendo camisetas blancas con moldes corporales y una pancarta de Greenpeace que dice “Toxics Free Future”.

La crisis climática y la contaminación ambiental no afectan a todas las personas por igual. De acuerdo con diversos estudios recientes, las mujeres embarazadas están más expuestas a padecer riesgos que pueden acarrear consecuencias terribles tanto para su salud como para la de sus hijos por nacer. 

El aumento acelerado de las temperaturas extremas, la exposición a químicos tóxicos y la contaminación del aire están generando mayores tasas de partos prematuros, complicaciones como la preeclampsia y un aumento en los problemas respiratorios de los niños y niñas. 

Durante el mes de junio se llevó a cabo un encuentro entre madres científicas y miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace en la ciudad de Washington DC (Estados Unidos). El objetivo de esta reunión fue compartir datos y experiencias personales con el objetivo de alertar a otras mujeres, y a la sociedad en general, sobre estas amenazas silenciosas. 

Una de las disertantes fue Luz Drada, una madre colombiana que durante su embarazo padeció los efectos de una ola de calor extremo en St. Louis, Missouri. Ella destacó que nadie le advirtió sobre los riesgos a los que se exponía como resultado de la crisis ambiental. Por este motivo, Luz decidió participar de Ecomadres, una organización de madres latinas que lucha por el cuidado del medioambiente.

Contaminación ambiental: los riesgos que acarrea para las embarazadas

Diversos estudios médicos y científicos han confirmado lo que muchas mujeres han tenido que averiguar por cuenta propia: el calor extremo genera un mayor riesgo de preeclampsia. Este trastorno hipertensivo puede provocar complicaciones graves tanto para la madre como para el bebé. 

Pero además, las altas temperaturas también aumentan las probabilidades de que se produzca un parto prematuro, de que los bebés tengan bajo peso al nacer y de que padezcan de complicaciones neurológicas. Estas condiciones son aún peores cuando se combinan con una mala calidad del aire, algo común en barrios cercanos a carreteras, plantas industriales o incineradores de basura.

La exposición constante durante el embarazo a contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO2), el ozono (O3) y las partículas finas (PM2.5) también se asocia a mayor probabilidad de que los niños tengan asma o un desarrollo pulmonar reducido. Y por si esto no fuera suficiente, los expertos lo relacionan con la aparición de deficiencias cognitivas, enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Las más vulnerables son las más expuestas

La desigualdad también es ambiental. Esto sucede porque muchas comunidades latinas, afrodescendientes e indígenas de los Estados Unidos suelen vivir en zonas cercanas a refinerías, depósitos industriales, carreteras con mucho tráfico o basurales a cielo abierto. El combo es fatal: calor, smog, microplásticos y pesticidas que ponen en riesgo a madres e hijos por nacer. 

Para colmo, durante las últimas décadas se han revertido varias leyes que protegían la calidad del aire en los Estados Unidos. Elizabeth Hurtado, una madre de cuatro hijos que participó de Ecomadres, explicó que en muchas zonas se siguen quemando plásticos a cielo abierto y que los químicos tóxicos terminan infiltrándose en el agua, los alimentos de las huertas y hasta en los hogares. 

Además de la salud, estas amenazas afectan el bienestar emocional de las madres. Si concebir resulta abrumante en un contexto normal, hacerlo en un entorno hostil, donde no hay certezas sobre la seguridad del aire o del agua, puede generar ansiedad y estrés. Estas condiciones, a su vez, pueden tener efectos negativos sobre el desarrollo del feto, haciendo aún más amplia la brecha entre las madres pobres y las que cuentan con recursos para protegerse.

¿Qué se puede hacer para cambiar la situación?

Las madres pueden cambiar ciertos hábitos cotidianos que reduzcan la exposición a contaminantes. Por ejemplo, reemplazando los envases de plástico por otros de vidrio o acero inoxidable. También se aconseja evitar el uso de productos con fragancias artificiales, leer detalladamente las etiquetas de los productos cosméticos y reducir el uso de pesticidas en el hogar.

Sin embargo, organizaciones como Ecomadres reafirman que, para que se produzcan cambios notables, hacen falta que los políticos tomen cartas en el asunto. Es fundamental que esta información llegue a las personas más expuestas. Además, es crucial que los gobiernos implementen regulaciones más estrictas sobre químicos peligrosos y que mejoren la calidad del aire de las zonas urbanas. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *