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 Alerta por un estudio que midió el impacto de las mascarillas en el medioambiente

Durante la pandemia de Covid-19, el uso de mascarillas desechables se disparó a niveles históricos. Se calcula que, en los meses más críticos, se llegaron a utilizar cerca de 129 mil millones de unidades cada mes alrededor del mundo. Sin embargo, la ausencia de un sistema adecuado de reciclaje, algo que las organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile advirtieron, ha convertido estos elementos de protección en una amenaza ambiental y sanitaria que podría durar décadas.

Un reciente estudio publicado en la revista Environmental Pollution mostró que millones de toneladas de mascarillas, fabricadas principalmente con polipropileno, se descomponen y liberan microplásticos y compuestos químicos que pueden alterar la salud humana y afectar ecosistemas. La investigación fue liderada por Anna Bogush, del Centro de Agroecología, Agua y Resiliencia de la Universidad de Coventry, y alerta sobre la urgencia de replantear la producción, el uso y la disposición final de estos insumos de protección.

Cómo afectan las mascarillas al medioambiente

Los investigadores analizaron distintos tipos de mascarillas, sumergiéndolas en agua purificada durante 24 horas y luego filtrando el líquido para estudiar los residuos liberados. Todas desprendieron microplásticos, aunque las mascarillas FFP2 y FFP3, consideradas de mayor protección, liberaron hasta seis veces más partículas que los modelos convencionales. Los fragmentos encontrados variaban entre 10 micrómetros y más de 2.000 micrómetros, predominando los menores a 100 micrómetros, capaces de ingresar fácilmente en organismos vivos.

Además, el análisis químico detectó bisfenol B (BPB), un compuesto con capacidad para alterar el sistema endocrino, actuando como estrógeno cuando es absorbido por humanos o animales. Según los cálculos del estudio, la producción global de mascarillas desechables durante la pandemia podría haber liberado entre 128 y 214 kilogramos de bisfenol B al medio ambiente.

Un impacto tan silencioso como extendido

El efecto de estas partículas y químicos no se limita a mares y ríos. También se encuentran acumulados en suelos, parques y zonas urbanas donde los residuos de mascarillas se amontonaron. Los microplásticos y compuestos químicos presentes en estos desechos representan una amenaza tanto para la salud de los ecosistemas como para la de las personas. Anna Bogush resaltó que es fundamental generar conciencia sobre estos riesgos y avanzar hacia alternativas más sostenibles.

El estudio describe esta situación como un “tiempo-bomba química”, que podría prolongarse mientras no se implementen medidas de mitigación. La degradación lenta de las mascarillas plásticas provoca que los microplásticos y los disruptores endocrinos se diseminen por el ambiente, afectando cadenas alimenticias y alterando procesos biológicos en distintas especies.

Lecciones de la pandemia

Más allá de evidenciar el problema, la investigación apunta a la necesidad de tomar medidas preventivas para futuras crisis sanitarias. Para los expertos, el desafío no es solo reducir el uso de plásticos de un solo uso, sino desarrollar materiales biodegradables y crear sistemas eficientes de recolección y reciclaje. Aprender de lo ocurrido durante la pandemia permitirá minimizar la generación de residuos peligrosos y proteger tanto el ambiente como la salud pública.

Los hallazgos del estudio también subrayan la importancia de considerar la producción masiva de equipos de protección como un factor ambiental. Cada decisión de política sanitaria y de producción industrial tiene repercusiones que se extienden mucho más allá del corto plazo. La urgencia no es únicamente sanitaria: el impacto ecológico puede ser persistente y profundo, afectando suelos, cuerpos de agua y vida silvestre.

En busca de soluciones sostenibles

Los investigadores y especialistas recomiendan que las próximas estrategias incluyan innovación en materiales, educación sobre manejo de residuos y políticas claras de disposición final de mascarillas. Los materiales biodegradables representan una alternativa prometedora, pero deben ir acompañados de un cambio cultural que enseñe a la población cómo minimizar el impacto de los residuos.

El mensaje principal es que los equipos de protección individual, aunque esenciales en situaciones de emergencia, no deben convertirse en un problema ambiental mayor. La evidencia científica muestra que los microplásticos y los químicos liberados por las mascarillas afectan la salud humana y la de los ecosistemas. El camino hacia la sostenibilidad requiere planificación, investigación y conciencia colectiva para que futuras crisis no generen un legado tóxico similar.

Finalmente, el estudio de Bogush y su equipo deja en claro que la pandemia no solo dejó un impacto sanitario, sino también un desafío ambiental que debe abordarse de manera urgente. Cada mascarilla desechable que llega a su fin sin un manejo adecuado suma a un problema de alcance global, y solo con estrategias sostenibles será posible revertir parte del daño y proteger nuestros recursos naturales.

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