«Vuelos Fantasma»: una película de terror para el medioambiente


Mientras el planeta atraviesa uno de los momentos más críticos de la crisis ambiental, la industria aeronáutica se maneja como si viviera en un mundo paralelo. Desde el año 2000, los niveles de contaminación del sector han aumentado un 50%. Y lo que es aún peor, se espera que continúen incrementándose un 4% cada año durante los próximos 20 años.
Gran parte de esas emisiones provienen de una práctica que no tiene ni pies ni cabeza en un contexto de crisis climática: los “vuelos fantasma”.
¿Qué son los “vuelos fantasma” y por qué contribuyen a la crisis ambiental?
El nombre con el que se conoce a esta clase de maniobra aeronáutica parece sacado de una película de terror y su impacto en el bienestar del planeta es realmente escalofriante. Se conoce como “vuelos fantasma” a aquellos que operan vacíos o con menos del 10% de su capacidad. Se trata de una práctica innecesaria y miserable, pero extremadamente común, que las aerolíneas llevan a cabo para no perder sus derechos sobre las franjas horarias más codiciadas en los aeropuertos.
¿Por qué sucede esto? La Comisión Europea y la Administración Federal de Aviación estadounidense coordinan el uso de sus aeropuertos más congestionados mediante una reglamentación conocida en la industria como “úselo o déjelo”. Esto quiere decir que si, por ejemplo, American Airlines o Iberia no utilizan por lo menos el 80% de las pistas de despegue o aterrizaje que tienen asignadas, ya sea porque no lograron llenar sus aviones y debieron cancelar sus vuelos, el próximo año esos Slots serán asignados a otras aerolíneas.
Para no correr el riesgo de perder los horarios con mayor demanda (y por ende más redituables), las empresas aéreas prefieren pagarle a las tripulaciones, llenar los tanques de sus aviones de combustibles fósiles y hacerlos despegar aunque nadie viaje en ellos. De esta manera pierden algunos cientos de miles de dólares (que se aseguran de recuperar con los precios de los vuelos más demandados), y de paso, contaminan innecesariamente el medioambiente.

¿Cuál es el impacto de los “vuelos fantasma” para el medioambiente?
De acuerdo con datos recabados por la organización ambiental Greenpeace, solo en Europa se llevaron a cabo más de 100 mil vuelos de este tipo durante el 2022. Este derroche de recursos generó emisiones de dióxido de carbono, equivalentes a lo que producen ¡1.400.000 de automóviles al año!
Por si fuera poco, el vuelo de los aviones produce ozono, metano, hollín y estelas en el cielo que contribuyen al calentamiento global. De hecho, se calcula que si la industria aeronáutica fuera un país, estaría entre las 10 naciones del planeta que más gases de efecto invernadero producen.
¿Existe una forma de disminuir la contaminación producida por las aerolíneas?
Sin dudas. Y aunque suene paradójico, el sector de la aviación se ha comprometido a alcanzar las emisiones de carbono cero para 2050. Algo completamente inalcanzable mientras prácticas como los” vuelos fantasma” continúen realizándose con normalidad.

Para alcanzar esta meta y asegurar una disminución de la contaminación ambiental, es necesario que las empresas aéreas comiencen a adoptar medidas que mejoren la eficiencia de los combustibles utilizados por los aviones. Y aun así, los expertos advierten que podría no ser suficiente. Esto se debe a que, en los últimos años, ha habido un aumento monumental de la cantidad de vuelos que se realizan a nivel mundial.
Por este motivo, los científicos coinciden en que, a menos que surja una “cura milagrosa” que permita realizar vuelos sin contaminar, la única solución posible es reducir de forma significativa la cantidad de aviones que despegan cada día.
Queda claro que los “vuelos fantasma” no tienen razón de ser en este contexto de crisis climática. Se trata de una costumbre perversa que las aerolíneas ejecutan sin pensar en el daño que le están causando al planeta. Pero que además no les reditúa ganancia alguna, sino que solo les permite perpetuar sus operaciones.
Es hora de que la industria de la aviación se haga cargo de su responsabilidad en la generación de gases de efecto invernadero y comience a tomar medidas que garanticen un futuro más limpio y a salvo de las consecuencias devastadoras del cambio climático para todos los habitantes del planeta.
