Terremotos y erupciones volcánicas: el impacto oculto del cambio climático


En los últimos años, el cambio climático ha provocado una alteración en la intensidad y la frecuencia de los fenómenos meteorológicos. Desde olas de calor extremas que provocan sequías e incendios forestales, hasta violentas tormentas que generan inundaciones y erosiones en las regiones costeras del planeta.
Durante julio de este año, Europa ha vivido uno de los veranos más sofocantes de la historia, con temperaturas promedio por encima de los 38 grados centígrados que provocaron la muerte de más de 60 mil personas. Mientras que en Asia, más concretamente en Pekín, se registraron lluvias de una intensidad superior a la de los últimos 140 años. Solo 2 días de agosto bastaron para que lloviese la misma cantidad de agua que solía caer en promedio durante todo el mes de julio.
Pero como si estas terribles consecuencias no fueran suficiente motivo para combatir la contaminación atmosférica generada por el calentamiento global, ahora los científicos han descubierto un nuevo y alarmante efecto del cambio climático: su capacidad para propiciar terremotos y erupciones volcánicas.
La relación entre el cambio climático, la lluvia y la Tierra
Según datos provistos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), en los últimos 70 años el cambio climático ha ido incrementando los niveles de precipitaciones anuales en varias regiones del planeta. Esto es una consecuencia directa del calentamiento de la atmósfera, ya que al volverse más cálida aumenta su capacidad de retener vapor de agua que luego se transforma en lluvias.

Sin embargo, las alteraciones del cambio climático en el planeta no solo se producen a nivel atmosférico, sino también subterráneo. Desde hace tiempo los geólogos han estudiado el impacto de las tasas anuales de lluvia en la actividad sísmica. Por ejemplo en la frecuencia de los terremotos producidos en el Himalaya.
Diversas investigaciones demuestran que casi un 50% de los terremotos en esa zona montañosa se producen durante los meses más secos del año. En cambio, solo un 16% ocurren durante la temporada de monzones, en el verano asiático. Esto es una prueba de cómo el ciclo pluvial influye de manera directa en la frecuencia de los movimientos de la Tierra.
¿Cómo afectan las lluvias a los movimientos sísmicos?
Durante las temporadas de lluvia, hasta 4 metros de agua pueden quedar comprimidos entre la corteza terrestre, estabilizándola. Pero cuando en el invierno el agua desaparece se produce un “efecto rebote” que desequilibra estas regiones. Esto se traduce en un aumento de la actividad sísmica. Por eso los expertos advierten que, a medida que los niveles de precipitaciones aumentan, las repercusiones cuando el agua se evapora podrían ser cada vez más severas.
Otro efecto del cambio climático tiene que ver con un proceso denominado rebote isostático. Este fenómeno se produce como consecuencia del derretimiento de los glaciares, que provocan que la corteza terrestre se eleve en lugares como Escocia, donde las playas se ubican hasta a 45 metros por encima del nivel del mar.
Cuando esta anomalía se produjo hace unos 10 mil años atrás, en Escandinavia, indujo terremotos de una magnitud superior a los 8 grados en la escala Richter. Por lo que no quedan dudas de que el derretimiento de los glaciares provocado por el calentamiento global podría desencadenar verdaderas catástrofes naturales.
Canción de hielo y fuego
Pero los terremotos no serían la única secuela temible del derretimiento de los glaciares. El peso de las capas de hielo ayuda a comprimir tanto la corteza terrestre como la subterránea, impidiendo que esta se derrita y forme el magma. Pero cuando los glaciares se derriten, esta presión desaparece, lo que permite que el manto subyacente se derrita y se transforme en magma líquido listo para erupcionar.

Para probar este fenómeno los científicos analizaron los depósitos de cenizas de Islandia, una zona reconocida mundialmente por su actividad volcánica. Gracias a ese estudio descubrieron que hace unos 5 mil años atrás hubo un breve período de enfriamiento climático que disminuyó notablemente las erupciones.
Los resultados de estos análisis no dejan lugar a dudas. El cambio climático está alterando drásticamente la faz de la Tierra. Y a menos que las autoridades tomen cartas en el asunto y realicen cambios contundentes que ayuden a combatir el calentamiento global, las consecuencias para la vida de todo el planeta pueden ser terribles.
Desde hace años, organizaciones ambientalistas como Greenpeace o Fundación Biósfera luchan para concientizar a la población mundial acerca de los efectos del uso irresponsable de combustibles fósiles o la deforestación en el cambio climático. Sin embargo, para lograr detenerlo hace falta un esfuerzo conjunto de toda la sociedad, desde los individuos hasta los gobiernos y las empresas. Cada uno cumple un rol crucial que puede marcar la diferencia.
