Los niveles de dióxido de carbono podrían provocar una extinción masiva


De acuerdo con una investigación realizada por el profesor de geofísica y director adjunto del departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosféricas y Planetarias del MIT, Daniel Rothman, los niveles de dióxido de carbono (CO2) actuales están acercándose peligrosamente a los de períodos previos de extinción masiva en la Tierra.
El estudio, publicado en el portal de la Unión Geofísica Estadounidense (AGU, por sus siglas en inglés), revela que si el aumento de los niveles de CO2 continúa al ritmo que lleva actualmente, existe un riesgo inminente de extinción masiva en las próximas décadas. Para llegar a esta conclusión, el científico se basó en el análisis de cómo el ciclo de carbono en la Tierra ha ido mutando en los últimos 540 millones de años.
Según sus investigaciones, la concentración promedio de dióxido de carbono necesaria para que ocurra un evento de extinción masiva es de 870 partes por millón en volumen (ppmv). En la actualidad, la concentración de CO2 es cercana a los 421 ppmv. Pero las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), respaldadas por organizaciones ambientalistas como Greenpeace, sugieren que podría aumentar a 800 ppmv para finales de este mismo siglo.
Pero el estudio señala que hubo casos, como el de la llamada «extinción 10», ocurrida hace 132.5 millones de años, en los que una cantidad similar a la actual de CO2 desencadenó la desaparición del 6.39% de las especies que habitaban los océanos en ese momento. Esta advertencia demuestra las devastadoras consecuencias a las que puede llevar la contaminación atmosférica.
La relación entre el dióxido de carbono y la extinción masiva en la Tierra
A lo largo de la historia del planeta Tierra hubo una serie de eventos catastróficos que llevaron a la desaparición masiva de especies. Al estudiar los niveles de dióxido de carbono presentes durante esos períodos, los científicos han descubierto que el uso indiscriminado de combustibles fósiles está llevando a la humanidad hacia una concentración de este gas similar a la de estas fases trágicas previas.
Sin ir más lejos, los expertos explican que los pronósticos de concentración de CO2 para el siglo XXI son casi los mismos que los que hubo durante el período Triásico, ocurrido hace más de 200 millones de años. Estas alteraciones en la atmósfera y los océanos condujeron a la desaparición de un 75% de todas las especies terrestres y marinas que habitaban el planeta.
En aquel momento, los gases provenían de una serie erupciones de volcanes activos que elevaron los niveles de dióxido de carbono a lo largo de millones de años. En la etapa posterior a la revolución industrial, en cambio, las actividades humanas solo requirieron de 250 años para repetir estas catastróficas marcas.

Los terribles efectos del dióxido de carbono en los océanos
El profesor Rothman explica que existe un nivel de concentración crítica de CO2, a partir del cual el medioambiente comienza a experimentar cambios dramáticos. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto la contaminación atmosférica producida por la actividad humana es responsable de las muertes masivas de especies? Los 421 ppmv actuales de dióxido de carbono no dejan lugar a dudas. La acción humana es directamente responsable de la destrucción de la biodiversidad.
Pero, ¿cómo se llega a la extinción? El informe advierte que la desaparición de especies marinas comienza a producirse como consecuencia de la concentración de CO2 en los océanos. A medida que el CO2 se disuelve en el agua, provoca una acidificación que tiene un impacto devastador en la vida marina.
Cuando el CO2 se disuelve en el mar no solo vuelve más ácida el agua oceánica, sino que además provoca la disolución de las conchas de carbonato de calcio de algunos organismos como los moluscos, los corales y el plancton. Estas especies son un eje fundamental de las cadenas alimentarias del ecosistema marino. Al desaparecer, provocarían una reducción de los recursos que podría desencadenar una pérdida de hasta el 10% de las especies marinas existentes.
Por si esto no fuera lo suficientemente terrible para la biodiversidad marina, cuando las conchas de carbonato de calcio desaparecen, no solo dejan desprotegidas a sus especies, sino que además dejan de cumplir una función vital en el océano: la eliminación de dióxido de carbono. En definitiva, la contaminación con CO2, produce una mayor cantidad de CO2.

Y si la velocidad a la que se introduce el dióxido de carbono aumenta (como viene sucediendo en los últimos 200 años), esta acidificación de los océanos se sale fuera de control. ¿Cuál es el resultado final? Un desajuste de todo el sistema que acaba con una extinción masiva. Tal como ha sucedido en varias ocasiones a lo largo de la historia del planeta.
La única manera de evitar este destino apocalíptico es limitando las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. El informe del profesor Rothman subraya la necesidad de alcanzar una reducción del 2% anual empezando ya mismo. Lamentablemente, se ha llegado a un punto crítico en el que está en juego el destino del planeta y de todos sus habitantes.
