Los bosques del planeta van perdiendo su capacidad de absorber carbono


Los bosques del planeta cumplen un rol importantísimo para luchar contra el cambio climático. Gracias a su capacidad para absorber dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera son considerados sumideros naturales de este gas contaminante. Pero de acuerdo con un estudio llevado a cabo por científicos de China, Alemania, Reino Unido y Francia (y publicado en la revista científica Nature), esta capacidad se está deteriorando como resultado de actividades humanas como la deforestación y la contaminación.
De hecho, durante 2023 (el año más cálido jamás registrado), han absorbido cantidades mucho menores de carbono a las que nos tenían acostumbrados. Los expertos y miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina temen que si los bosques no son capaces de cumplir con esta función, el dióxido de carbono comience a acumularse mucho más rápido en la atmósfera, creando un círculo vicioso que agrave aún más el calentamiento global.
Además, Expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) encargados de evaluar toda la información referente a este fenómeno, han advertido que esta situación podría poner en riesgo las metas globales de emisiones netas cero. Esto se debe a que la gran mayoría de los países dependen de la labor de los bosques para compensar sus emisiones residuales.
¿Por qué los bosques están perdiendo su capacidad para absorber CO2?
Uno de los estudios publicados en Nature analizó los registros del dióxido de carbono que han absorbido los bosques entre los años 1990 y 2019. Este análisis reveló que, aunque lograron capturar más de ¡3,5 mil millones de toneladas métricas de carbono cada año!, su capacidad ha ido disminuyendo considerablemente en las últimas décadas.
En regiones como Alaska, Canadá y Rusia, la capacidad de absorción de carbono de los bosques boreales disminuyó un 36%. Los expertos consideran que esto se debe especialmente a factores como incendios forestales, el calentamiento de los suelos derivado del cambio climático y diversas plagas de insectos que se han ido propagando.

Mientras tanto, la deforestación ha hecho estragos en la Amazonia y otros bosques tropicales del planeta, reduciendo su capacidad de absorción de dióxido de carbono hasta en un 31%. Al tratarse de regiones que son consideradas verdaderos pulmones del planeta, esta disminución podría tener consecuencias irreversibles.
El único caso analizado que brinda una luz de esperanza en la lucha contra el cambio climático es el de los bosques templados. En este caso, algunas regiones han mostrado un aumento del 30% en su capacidad de sumidero. Los científicos explican esta mejora por los programas de reforestación que han establecido países como China.
Océanos: otra víctima de la mano del hombre
Desde la época de la Revolución Industrial a la actualidad, los océanos han cumplido un rol importantísimo en la lucha contra el cambio climático, absorbiendo alrededor del 25% del dióxido de carbono generado por las actividades humanas. Pero lamentablemente, el calentamiento global y la pérdida de biodiversidad están poniendo límites a esta labor.
A medida que se derriten las capas de hielo y se producen cambios en las corrientes oceánicas (como la desaceleración de la corriente del Golfo), los océanos van perdiendo su capacidad para capturar este gas contaminante. Por otro lado, el zooplancton se ve amenazado por el aumento de la luz solar que provoca el deshielo, y va perdiendo su capacidad para almacenarlo.

¿Qué es el “cero neto” y por qué corre peligro?
Se denomina «cero neto» al balance entre la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que se libera a la atmósfera y la que se elimina. En el año 2015, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas que firmaron el Acuerdo de París establecieron el objetivo de limitar el calentamiento global a solo 1,5 grados centígrados para el año 2030.
Para lograrlo es necesario alcanzar el «cero neto», reduciendo al máximo posible las emisiones generadas por actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la agricultura, la ganadería o el transporte. Pero para ello es crucial que estos sectores muten hacia modelos más sostenibles.
El resto de los GEI (las llamadas emisiones residuales) deberán ser compensadas por los sumideros de carbono naturales, entre ellos los bosques y océanos. Pero expertas como la doctora Inés Camilloni, investigadora del IPCC y del CONICET, han advertido que si estos ecosistemas continúan perdiendo su capacidad natural de absorber CO2, habrá que inventar nuevas formas de reemplazar su contribución, como el uso de tecnologías avanzadas de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés).
