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Habría nuevas olas de calor extremo en Europa por el cambio climático

El cambio climático está transformando los veranos europeos. De acuerdo con investigadores del ETH Zurich, las próximas estaciones estivales podrían llegar de la mano de ¡olas de calor con temperaturas cercanas a los 40 grados centígrados de varias semanas de duración! Estas condiciones extremas podrían ir acompañadas de sequías prolongadas e incendios forestales.

Para llegar a esta conclusión, los expertos utilizaron simulaciones y técnicas como el ensemble boosting, mediante la cual compararon la temperatura del período comprendido entre 2015 y 2018, con las previstas por estudios como los realizados por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo y el National Center for Atmospheric Research (de los Estados Unidos) para esos mismos plazos. 

Los resultados fueron contundentes: cuando introdujeron pequeñas variaciones en la temperatura, se generaron olas de calor persistentes y sucesivas. En los peores escenarios, la temperatura diaria promedio se mantendría hasta 3 grados centígrados por encima de los límites preindustriales durante ¡más de un mes!

Este análisis no deja dudas de que la crisis climática llegó para quedarse, y tanto Europa como otras regiones del globo deberán prepararse para enfrentar veranos cada vez más largos y con temperaturas más altas. Es por eso que organizaciones ambientalistas como Greenpeace continúan luchando para que los gobiernos de todo el mundo tomen medidas urgentes que pongan un freno al uso de combustibles fósiles (el principal causante del cambio climático).

Los efectos del cambio climático en los suelos

Cuando aparecen olas de calor extremas, comienzan a derretirse los hielos. Desde las cimas de las cadenas montañosas, hasta los icebergs de los polos. Pero además, se produce una pérdida de humedad en los suelos. Y de acuerdo con el estudio del ETH Zurich, los déficits de humedad podrían ser hasta dos veces mayores a los ocurridos durante las olas de calor históricas de 2003 y 2018. 

Pero el problema no termina allí. Porque la sequedad del suelo actúa como un amplificador de la temperatura, haciendo que el calor persista y generando un efecto dominó que a su vez provoca incendios, pérdida de cultivos, falta de agua y mayor sensibilidad al cambio climático por parte de los ecosistemas.

Los efectos del calor en las ciudades 

A este escenario se sumarían las anomalías cálidas de los océanos Atlántico y Mediterráneo, que intensificarían aún más los eventos meteorológicos extremos. Por este motivo, las ciudades europeas (pero no solo ellas) se enfrentan a riesgos de interrupción de la energía, estrés hídrico y pérdidas significativas de cultivos y ganado que amenazan la seguridad alimentaria de todo el planeta. 

Pero lo que es aún peor, los investigadores advirtieron que los impactos de las olas de calor se irán acumulando, aumentando la mortalidad de especies animales y vegetales, reduciendo considerablemente la productividad laboral y poniendo en riesgo la salud humana, especialmente de los grupos más vulnerables como niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.

Incendios cada vez más frecuentes e intensos

Inexorablemente, el aumento de las olas de calor generará un mayor riesgo de incendios forestales. Esto se debe a que las altas temperaturas y la sequedad del suelo crean un ambiente propicio para que el fuego se propague rápidamente, afectando bosques, tierras agrícolas y áreas urbanas cercanas a ellas. 

Además de las enormes pérdidas económicas, estos incendios empeorarán aún más la situación, ya que provocarán grandes daños a la biodiversidad y liberarán nuevos gases de efecto invernadero que agravarán el cambio climático, creando un círculo vicioso nefasto.

Las consecuencias económicas y sociales

A su vez, habrá un impacto económico por el aumento en los precios de la energía, provocado por el uso masivo de aire acondicionado y sistemas de enfriamiento que podrían saturar las infraestructuras eléctricas de toda la región, generando interrupciones en el suministro. ¿Quiénes serán los más afectados? Como de costumbre, las poblaciones más vulnerables.

Por todos motivos, es imprescindible que los gobiernos del mundo comiencen a prepararse para estas olas de calor, implementando más y mejores sistemas de alerta, formas más eficaces de gestionar el agua, planificando mejor las ciudades y adaptando las infraestructuras para resistir de mejor manera las altas temperaturas. Solo así se podrán minimizar sus efectos en la salud, el medioambiente y la economía. 

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