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Greenpeace Argentina emitió un alerta por la biodiversidad en riesgo

Ave tropical de plumaje verde, amarillo, azul y naranja posada sobre una rama cubierta de musgo en un entorno natural de selva húmeda.

La biodiversidad en Argentina se encuentra atravesando una situación alarmante que requiere acciones urgentes desde las políticas públicas. Así lo advierte Greenpeace Argentina en un reciente llamado a la acción, en el que destaca la importancia de proteger tanto a los hábitats como a las especies que los habitan. Según la organización ambientalista, la destrucción de los ecosistemas compromete no solo a los animales y plantas que los integran, sino también a la calidad de vida humana, al impactar directamente en recursos esenciales como el agua, el aire y los suelos fértiles.

Agostina Rossi Serra, quien se desempeña como especialista en biodiversidad dentro de Greenpeace Argentina, explicó que cada ser vivo cumple una función dentro de los sistemas naturales, y que sin la diversidad biológica, las condiciones que hacen posible la vida se ven amenazadas. A su juicio, cuidar la fauna es también garantizar la continuidad de los ecosistemas que sostienen la existencia en el planeta.

El yaguareté enfrenta un riesgo extremo en su hábitat

Uno de los casos más críticos que enfrenta el país es el del yaguareté, también conocido como Panthera onca, cuya población ha disminuido a tal punto que se estima que existen menos de 300 ejemplares en estado silvestre. Este felino, el de mayor tamaño en América, desempeña un rol ecológico fundamental al situarse como predador tope dentro de su cadena trófica, ayudando a mantener el equilibrio natural de su entorno.

Las principales amenazas que comprometen la supervivencia del yaguareté son la caza furtiva y la pérdida de hábitat producto de la intervención humana. Además, la fragmentación de los territorios naturales en los que vive reduce sus posibilidades de desplazamiento, reproducción y acceso a presas, lo que agrava su situación en el mediano y largo plazo.

El carpincho y los humedales en peligro

El carpincho, cuyo nombre científico es Hydrochoerus hydrochaeris, también se encuentra bajo presión ambiental en Argentina. Esta especie, considerada el roedor más grande del planeta, habita principalmente en regiones del norte y este del país, incluyendo incluso el sur de la provincia de Buenos Aires. Su interacción con el entorno es vital, ya que contribuye al modelado del paisaje mediante el pastoreo, la apertura de senderos y la dispersión de semillas.

En la actualidad, el carpincho sufre los efectos de la pérdida y el deterioro de su hábitat natural: los humedales. A esto se suma el avance urbano sobre estas zonas, lo que restringe sus espacios vitales, genera fragmentación territorial y complica la conservación de esta especie esencial para el equilibrio ambiental.

El cóndor andino y su lucha contra amenazas humanas

Otro caso significativo es el del cóndor andino, o Vultur gryphus, cuya envergadura puede alcanzar los tres metros. Esta ave emblemática se encuentra a lo largo de la Cordillera de los Andes y, en el extremo sur del país, llega incluso hasta la costa atlántica. Su rol en la naturaleza es crucial, ya que al alimentarse de animales muertos impide la propagación de enfermedades y mantiene limpio el ecosistema.

Las amenazas que enfrenta esta especie incluyen la utilización de cebos tóxicos, ataques directos por parte de personas, contaminación por plomo presente en las carroñas, colisiones con tendidos eléctricos y la ingestión de residuos plásticos. Todos estos factores, provocados por la actividad humana, representan un grave riesgo para su continuidad en libertad.

La ballena franca austral y la presión sobre los océanos

Declarada Monumento Natural en Argentina, la ballena franca austral —Eubalaena australis— también se encuentra en una situación preocupante. Esta especie marina habita los océanos del hemisferio sur y puede llegar a medir hasta 15 metros de largo y pesar 40 toneladas. Su función ecológica es múltiple: no solo ayuda a controlar las poblaciones marinas, sino que también colabora en la fertilización del océano mediante la distribución de nutrientes.

Las principales amenazas que enfrenta esta ballena incluyen la sobrepesca, la contaminación por plásticos, las actividades de exploración offshore y la caza. Estos factores impactan directamente sobre su salud, su reproducción y la estabilidad de los ecosistemas marinos en los que habita.

La biodiversidad afectada por el avance humano

El guanaco, cuyo nombre científico es Lama guanicoe, es un mamífero autóctono que ocupa amplias zonas del país. Se trata de un pariente cercano del camello y cumple múltiples funciones ecológicas: dispersa semillas, fertiliza el suelo y ayuda a controlar la cobertura vegetal. A diferencia del ganado, cuando se alimenta no arranca las plantas sino que las corta, preservando así la estructura del terreno.

A pesar de su importancia, el guanaco enfrenta varias amenazas, entre ellas la caza, el avance del ganado ovino y caprino sobre su hábitat, y la degradación ambiental provocada por el sobrepastoreo. La fragmentación del territorio también incide negativamente en su conservación a largo plazo.

Otra especie que se encuentra en riesgo es la tortuga de tierra, Chelonoidis chilensis, que habita regiones áridas del norte y centro del país, especialmente en la zona chaqueña. Este reptil, que se alimenta de vegetación e invertebrados, desempeña un papel esencial en el equilibrio del suelo. Sin embargo, el mascotismo —la captura para uso doméstico— representa una de sus principales amenazas. La transformación de su hábitat por actividades agrícolas y el pastoreo excesivo también comprometen su supervivencia.

Según Agostina Rossi Serra, la pérdida de entornos naturales impulsada por la actividad humana y el cambio climático no solo amenaza a las especies animales, sino que también compromete servicios ambientales vitales para las personas, como la regulación del agua, la salud del suelo y la mitigación de fenómenos climáticos extremos. La especialista subraya que sin ecosistemas saludables, se torna imposible mantener la biodiversidad ni asegurar un porvenir sostenible para las próximas generaciones.

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