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El cambio climático y la deforestación están haciendo que las aves migren cada vez más al sur

El cambio climático y la deforestación son dos de las amenazas más graves que enfrentan los ecosistemas argentinos. Ahora, un estudio realizado por expertos ornitólogos, y publicado en la revista científica El Hornero, revela cambios en los movimientos migratorios de las aves provocados por estos fenómenos ambientales. 

De acuerdo a la investigación llevada a cabo por los científicos tucumanos Patricia Capllonch, Fernando Diego Ortiz y su colega estadounidense Floyd E. Hayes, varias especies comienzan a desplazarse hacia el sur de la Argentina en busca de climas menos cálidos y hábitats menos perjudicados por la mano del hombre. 

¿Cómo impacta el cambio climático en la distribución de las aves en el país? 

Según manifiestan los especialistas en su artículo “Escape al sur: una revisión de las aves que expandieron recientemente su rango de distribución en Argentina”, cerca de 100 especies de aves se han “mudado” hacia el sur del país en los últimos 10 años. ¿La principal causa? El aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático.

El calentamiento global generado por la emisión sin tregua de gases de efecto invernadero ha forzado a estas aves a buscar nuevos territorios en los que puedan sobrevivir. Es por eso que muchas especies autóctonas de las regiones del norte argentino han comenzado a migrar cada vez más hacia el sur en busca de condiciones climáticas menos duras y mayor abundancia de alimento. 

Las consecuencias de las actividades humanas

Los ornitólogos explican que este cambio en los movimientos de las aves no solo está dado por el aumento de temperaturas. En el pasado, muchos de estos animales solían habitar en regiones a los que la mano del hombre no había llegado. Pero eso cambió drásticamente en los últimos años con la expansión de actividades como la agricultura, la ganadería y los negocios inmobiliarios. 

La deforestación y los incendios forestales impulsados por la expansión de la frontera agropecuaria han causado estragos en diversos hábitats del norte del país. Solo entre 1990 y 2010, el país perdió cerca de 8 millones de hectáreas de bosque nativo. Un 80% de esa pérdida se concentra entre las provincias de Salta, Formosa, Santiago del Estero y Chaco. 

Mientras tanto, las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos sufrieron (y continúan padeciendo) graves inundaciones que modificaron el comportamiento natural de las aves del noreste argentino. Durante 2016, el fenómeno de El Niño provocó niveles extraordinarios de lluvias que aumentaron considerablemente los caudales de agua de los ríos de la zona. Y lamentablemente, se espera que El Niño genere crisis similares a lo largo de 2024.

Algunas de las especies más afectadas

En su investigación, Capllonch, Hayes y Ortiz advierten que en la Patagonia hubo un aumento de las temperaturas promedio de 2 grados centígrados. Esto está ha hecho que ecosistemas otrora inhóspitos para las aves que solían habitar los bosques del centro y el norte del país se hayan vuelto mucho más amigables. 

Especies como el Yapú (Psaracolius decumanus) o el Zorzalito Overo (Catharus dryas), que comúnmente se desarrollan en la región de las Yungas, han ido extendiendo año a año su territorio hacia el sur. Pero tal vez el caso más sorprendente sea el de la Torcaza Ala Blanca (Zenaida meloda), que se ha asentado ¡en la provincia de Santa Cruz! 

¿Cómo detener la migración involuntaria de aves?

Desde hace años, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina o la Fundación Vida Silvestre (WWF) vienen reclamando al gobierno argentino que tome medidas concretas que contribuyan a proteger los ecosistemas más vulnerables del país. La única manera de lograrlo, es mitigando los impactos del calentamiento global, es decir, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y poniendo límites a la deforestación.

 Por otro lado, es importante que las comunidades de las zonas más afectadas por las actividades agrícolas y ganaderas tomen cartas en el asunto y reclamen a los gobiernos provinciales controles periódicos que garanticen el uso de prácticas agrícolas sostenibles que respeten los ecosistemas nativos. Solo de esta manera será posible garantizar que las aves del país no se vean obligadas a abandonar sus hábitats naturales. 

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