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El cambio climático derrite un glaciar y crea un nuevo lago en Bariloche

El imparable avance del cambio climático vive alcanzando nuevos horizontes. O en este caso puntual, se podría decir que lo ha transformado. Y es que los gases de efecto invernadero generados por actividades humanas como las industrias, la ganadería o el transporte han propiciado el retroceso del glaciar Ventisquero Negro. Esta belleza natural es uno de los doce glaciares que componen el majestuoso Monte Tronador, ubicado en los alrededores de la turística ciudad de San Carlos de Bariloche.  

¿Qué hay hoy en su lugar? Un flamante e inesperado lago. La formación de este nuevo cuerpo de agua es una prueba concreta de cómo el calentamiento global está afectando los glaciares patagónicos. Pero además, es un recordatorio viviente de las consecuencias imprevistas que el cambio climático puede provocar en los ecosistemas del planeta. 

Una avalancha de alteraciones por el cambio climático

Ya en 2021, un grupo de investigadores de la Universidad de Zurich y el Instituto Federal Suizo de Ciencias y Tecnologías del Agua había advertido que en un período de solo 6 años (entre 2006 y 2012) se habían formado cerca de 1200 lagos en la zona de los Alpes suizos como consecuencia del deshielo de glaciares provocado por el calentamiento global. 

La aceleración del cambio climático y las olas de calor en Europa dieron la bienvenida a un promedio de ¡18 nuevos lagos al año! Además, las zonas acuáticas de la región aumentaron sus caudales en más de 400 metros cuadrados. Pero lamentablemente, la desintegración acelerada de los glaciares no es un fenómeno exclusivo del hemisferio norte. 

La triste réplica sudamericana

Un estudio llevado a cabo por científicos del CONICET, en conjunto con investigadores de Chile y Canadá, evidenció que en la región de los Andes patagónicos se está viviendo una experiencia similar a la de los Alpes suizos. Los expertos descubrieron que los glaciares del Monte Tronador, entre ellos el emblemático Ventisquero Negro, están manifestando un constante retroceso que alterará para siempre el paisaje y el ecosistema del sur argentino.

Se trata de glaciares enormes, con un promedio de más de 75 metros de espesor y de hasta 240 metros de altura. Pero a pesar de sus imponentes tamaños, estos gigantes de hielo compacto no han podido resistir los embates del cambio climático y están sucumbiendo poco a poco ante el implacable deshielo. 

En el caso de los glaciares más pequeños, como el Ventisquero Negro, los aumentos de temperatura provocados durante años por la liberación indiscriminada de gases de efecto invernadero a la atmósfera, llegan al punto de deteriorarlos por completo. Y al tratarse de glaciares de valle, que tienen una pendiente cóncava en su parte inferior, el deshielo se produce más rápidamente, dando paso a la formación de pequeños lagos. 

La metamorfosis patagónica

El nuevo lago Ventisquero Negro dio sus primeras muestras de vida en el año 2005. Pero pegó un gran estirón en 2009, cuando una serie de intensas precipitaciones remodeló el pozo donde hoy se ubica el lago y permitió que el cuerpo de agua crezca a pasos agigantados. En la actualidad, cuando aún no celebró sus 15 añitos, ya alcanza el kilómetro cuadrado de extensión y los 70 metros de profundidad. 

Esta peligrosa transformación del ecosistema patagónico tiene consecuencias devastadoras para los microorganismos que lo habitan. El cambio drástico de temperatura puede afectar considerablemente los ciclos de reproducción de estas especies, generando un desequilibrio terrible en la naturaleza. 

Organizaciones ambientalistas como Greenpeace y MapBiomas estiman que, solo en Argentina, los glaciares cordilleranos han perdido más del 40% de su superficie en las últimas 3 décadas. Esto significó una merma de ¡más de 1000 kilómetros cuadrados desde 1990! 

¿Por qué se llegó a esta situación? ¿Y cómo evitar que empeore?

Los investigadores no dudan en vincular este violento proceso de transformaciones con el calentamiento global derivado del proceso industrial que comenzó hace más de 100 años. En especial, resaltan como responsables a las empresas que propician la quema de combustibles fósiles como el gas o el petróleo, la deforestación indiscriminada y los métodos perjudiciales de agricultura.  

Potencias mundiales como Estados Unidos y China, los principales emisores de gases contaminantes, deben tomar conciencia de lo que están provocando alrededor del mundo y modificar sus prácticas para reducir el impacto en el medioambiente. Solo de esa manera será posible evitar que los seres humanos alteren la configuración de la Tierra por completo y acaben en la autodestrucción.