Deportes de invierno y cambio climático: ¿cómo se adaptan las estaciones?

¿Cómo pueden adaptarse las estaciones de deportes de invierno al calentamiento global? Abordamos este complejo tema.

El 4 de diciembre de 2020, el Primer Ministro francés, Jean Castex, prohibió el acceso del público a los remontes de las estaciones de esquí debido a la epidemia de Covid-19. Una decisión con consecuencias de gran alcance: una caída drástica del número de visitantes a las estaciones y una pérdida de ingresos para las estaciones que asciende a millones de euros.
Esta situación sin precedentes demuestra que, en el imaginario colectivo, la montaña sigue estando esencialmente asociada a los deportes de invierno en Europa pero también en otros centros turísticos del mundo como Bariloche, el más grande de Latinoamérica en Argentina.
En particular, la montaña está asociada al esquí alpino, como lo demuestra el importante descenso del número de visitantes en ese momento histórico que fue la Pandemia.
Sin embargo, la montaña también es sinónimo de otras actividades, tanto en verano como en invierno.
Actividades que varias estaciones ya están tratando de desarrollar en previsión de los efectos del cambio climático.
Tras un invierno desastroso para la economía turística debido a las restricciones sanitarias, pero también ante el aumento de las temperaturas previsto por el IPCC y unas condiciones de nieve cada vez más imprevisibles, muchas estaciones de deportes de invierno se enfrentan a un dilema: ¿deben mantener su actividad o diversificarla? ¿Cómo pueden hacer frente al calentamiento global?
La cuestión de la viabilidad económica del esquí alpino
En los años 90, cuando se sucedieron los inviernos sin nieve, varias estaciones que habían conseguido «aguantar» invirtieron en sistemas de innivación para mantener su actividad en caso de temporada de mal tiempo.
Desde entonces, el número de cañones de nieve y de depósitos para garantizar su suministro se ha multiplicado, con una gran financiación pública.
Pero el objetivo declarado ha cambiado: ahora se trata de proteger la actividad económica de la influencia del cambio climático, que repercute en la cota de nieve.
Por ello, las estaciones optan por mantener el lucrativo negocio del esquí alpino. Pero, ¿cuánto puede durar esto?
Para que una estación de deportes de invierno obtenga beneficios, los costes de producción de nieve artificial no deben superar los ingresos generados, de modo que las operaciones de la estación se mantengan en equilibrio.
Resulta que una estación como Métabief, en el Doubs, ha sido la primera de Francia en encargar un estudio climático y por ello la debemos mirar de cerca.
Los cálculos, realizados con una herramienta de diagnóstico llamada Clima Snow muestran que el fin de la viabilidad del esquí para la estación podría producirse en 2030-2035.
La nieve sigue ahí, pero en menor cantidad, y las estaciones son cada vez más cortas debido al aumento de las temperaturas.
Además, el funcionamiento de los cañones de nieve también está sujeto en cierta medida a las condiciones meteorológicas, ya que el principio consiste en proyectar una mezcla de aire comprimido y agua cuando el tiempo es lo suficientemente frío como para producir una textura similar a la nieve.
Inviernos como el 2019-2020, el más cálido en Francia desde principios del siglo XX, con temperaturas medias superiores en más de 2 °C a las normales en diciembre y enero, demuestran que es una apuesta potencialmente arriesgada depender únicamente de los cañones de nieve para garantizar la viabilidad de una estación.
En realidad, hay que centrarse en el contexto de la zona para evaluar la pertinencia de las soluciones que se pongan en marcha.
Adaptarse a cada zona
El Tribunal de Cuentas estima que, para ser rentable, una estación de esquí debe estar abierta al menos 100 días de la temporada.
Lo más probable es que las estaciones de alta montaña puedan sobrevivir más tiempo esquiando que las de baja y media altitud, pero estas estaciones, como Les Arcs o La Plagne en los Alpes, son también las más dependientes de esta actividad.
La situación también varía según la ubicación de la estación, su forma, su tamaño: en resumen, entran en juego multitud de parámetros.
Esto plantea la cuestión de la inversión: ¿hay que seguir invirtiendo en instalaciones al mismo nivel que hoy, sabiendo que cada vez se esquiará menos?
El relanzamiento de distintos proyectos de remontes puso esta cuestión sobre el tapete.
Esto ha dado lugar a luchas de influencia entre los actores implicados, en particular entre los gestores de remontes que quieren mantener su actividad y las autoridades locales que buscan alternativas.
Sea como fuere, algunas estaciones de gama baja y media que se sienten más concernidas por la amenaza climática han empezado a diversificar sus actividades.
Hacia una transición turística: alejarse de la hiperdependencia de la nieve
Numerosas estaciones optan por alejarse del esquí, sin abandonar completamente la actividad, al menos en un primer momento.
Bicicleta de montaña, trineos de verano, escalada, senderismo: el objetivo es desarrollar un auténtico turismo de 4 estaciones para atraer a los veraneantes todo el año.
Las montañas reinventan su relación con el turismo. Métabief, al reconocer el probable fin del esquí alpino en su estación de aquí a 2030-2035, busca ya construir otro modelo turístico.
Una diversificación de actividades que, sin embargo, no podrá compensar el volumen de negocio generado por el esquí.
Pero el reto es anticiparse a este declive y reducir progresivamente nuestra dependencia del esquí alpino, para no encontrarnos en un callejón sin salida.
