Cómo el cambio climático pone en riesgo a las mariposas y la polinización


Los bosques han funcionado durante siglos como amortiguadores naturales del clima. En su interior, la sombra, la humedad y las temperaturas moderadas crean refugios que permiten la supervivencia de miles de especies. Sin embargo, una nueva investigación liderada por la científica Maria Vives-Ingla, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), advierte que esos microclimas podrían dejar de ser seguros para las mariposas si las olas de calor y las sequías extremas se vuelven más frecuentes.
Los resultados, publicados en Ecological Monographs y Global Change Biology, alertan sobre un escenario crítico: incluso los ecosistemas considerados resilientes perderían su capacidad de protección frente al calentamiento global.
Refugios que ya no alcanzan
El proyecto MICROCLIM, desarrollado durante cuatro años, analizó el comportamiento de dos especie, la mariposa blanca verdinervada (Pieris napi) y la blanquita de la col (Pieris rapae), para evaluar cómo los microhábitats afectan su supervivencia.
El equipo descubrió que las mariposas que eligen zonas sombreadas sufren menos mortalidad por calor extremo, aunque pagan un precio: la escasez de alimento durante las sequías estivales. Esa diferencia, según el investigador Jofre Carnicer, demuestra que el impacto del cambio climático debe estudiarse a escala muy local, allí donde cada especie define su estrategia de supervivencia.
Pero el hallazgo más inquietante vino después. Los modelos desarrollados por el equipo mostraron que, si las temperaturas superan los 40 °C incluso dos veces al mes durante el verano, la capacidad de recuperación de las poblaciones desaparece. En otras palabras, los refugios térmicos del bosque ya no bastarían para proteger a las larvas ni a los adultos.

Donde las simulaciones anticipan el futuro
Los experimentos se realizaron en dos zonas protegidas de Cataluña: el Parque Natural de los Aiguamolls de l’Empordà y el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa. En condiciones actuales, las poblaciones del Empordà mostraban un descenso anual del 3 %, mientras que en la Garrotxa crecían un 6 %, gracias a la estabilidad de su microclima forestal.
Sin embargo, bajo escenarios con olas de calor y sequías simultáneas, los modelos proyectaron una caída drástica en ambos sitios. Las simulaciones indican que bastarían unos pocos días con temperaturas por encima de los 40 °C para generar tasas de crecimiento negativas sostenidas.
Estos resultados permiten entender cómo eventos climáticos poco frecuentes, pero cada vez más intensos, pueden desestabilizar ecosistemas enteros. Como explicó la investigadora Vives-Ingla, los refugios forestales ofrecen una protección temporal, pero no aseguran resiliencia a largo plazo.
Cambio climático: un efecto dominó sobre la biodiversidad
La pérdida de mariposas no solo amenaza a una especie en particular. Su declive compromete funciones esenciales del equilibrio ecológico: la polinización de las plantas, el mantenimiento de la cadena alimentaria y la regeneración de los bosques.
Para estimar la magnitud del problema, los científicos desarrollaron un modelo matricial de población que simula el ciclo de vida completo de las mariposas en distintos escenarios climáticos. En 10.000 simulaciones, los resultados fueron consistentes: los episodios de calor extremo y sequía prolongada reducen la supervivencia de las larvas y el éxito reproductivo.
El riesgo, según Carnicer, es que este patrón se repita en otros insectos polinizadores que comparten estrategias biológicas similares. En ese caso, el impacto del calentamiento global podría sentirse directamente en la producción agrícola y en la disponibilidad de alimentos.
Miradas desde América Latina
El problema no es exclusivo del Mediterráneo. En América Latina, las olas de calor y la pérdida de bosques nativos también están reduciendo los hábitats donde las mariposas y otros insectos encuentran refugio. Desde Greenpeace, especialistas han advertido que la deforestación amazónica y los incendios asociados al cambio climático generan un efecto en cadena sobre los polinizadores, esenciales para la estabilidad ecológica de la región.
La organización insiste en que la conservación de los bosques y la restauración de los ecosistemas degradados son medidas urgentes, no solo para proteger la biodiversidad, sino también para garantizar la seguridad alimentaria futura.
El estudio liderado por Vives-Ingla muestra que incluso los entornos mejor adaptados al calor tienen un límite. Si las temperaturas continúan en ascenso y las sequías se vuelven la norma, los refugios naturales dejarán de cumplir su función. La advertencia es clara: el cambio climático no destruye solo hábitats, también desmantela los mecanismos invisibles que los sostienen.
Como señalan los científicos y las organizaciones ambientales, entre ellas Greenpeace, entender y proteger esos microclimas no es una cuestión de conservación puntual, sino una estrategia vital para sostener la vida en el planeta.
