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Chernóbil en Salta: la catástrofe ambiental que arrasó un bosque nativo en Argentina

En el norte de Salta se desarrolla una tragedia ambiental que podría haberse evitado. La zona de Lomas de Olmedo, en el departamento de Orán, ubicada a 260 kilómetros de la capital provincial, lleva meses recibiendo una lluvia tóxica que cae sobre el suelo y la vegetación, formando una capa aceitosa que transformó un bosque nativo en un espacio sin vida.

Los gases y líquidos provienen de un pozo petrolero abandonado en el área llamada Puesto Guardián, cuyo responsable aún no aparece. Mientras tanto, una nube espesa y contaminante cubre la región, envenena a la flora y a la fauna, tanto doméstica como silvestre, y obliga a los habitantes del lugar a desplazarse porque el aire se volvió irrespirable.

Ya son casi 20 hectáreas de bosque las que quedaron destruidas y cientos de animales murieron. Las sustancias liberadas continúan aumentando y avanzan hacia zonas más lejanas, generando un riesgo grave de incendios y explosiones.

Greenpeace Argentina estuvo en el lugar y registró el avance de la contaminación, que ya se conoce como un verdadero Chernóbil Salteño.

La devastación de un bosque nativo que antes era diverso

En esta región de Lomas de Olmedo, el paisaje pasa de una llanura árida del Chaco Seco a un piedemonte propio de la Selva de Yungas, donde el clima más húmedo permite un crecimiento vegetal más denso a medida que se acercan los cerros.

Esto explica la presencia de bosques de quebrachos, cebiles y espina corona. Entre la vegetación nativa también sobreviven algunos de los mejores remanentes de palo de papel, un árbol típico del piedemonte que está en peligro.

La zona es un Área Importante para la Conservación de las Aves, donde se observan ñandúes, pato criollo o pato negro, pato crestudo, águila coronada, halcón pecho naranja, lechuzón negruzco y atajacamino alas negras, entre otras especies.

Allí también habitan la tortuga acuática chaqueña, la lampalagua, el oso hormiguero, el pecarí labiado, el ocelote y el hurón mayor, algunos de ellos en riesgo de extinción.

El avance del daño desde la primera fuga detectada

Aunque el pozo permanece abandonado desde hace años, lleva más de dos emitiendo sustancias tóxicas al ambiente. Productores locales afirman que desde entonces murieron alrededor de 350 cabezas de ganado, además de caballos, zorros y aves silvestres.

Las observaciones recientes del equipo de Bosques de Greenpeace Argentina muestran que el pozo intensificó la liberación de gases y fluidos a alta presión. En este momento, cerca de 20 hectáreas de bosque nativo están directamente afectadas, completamente secas y sin vida en el perímetro del pozo.

La pérdida de biodiversidad alcanza áreas más amplias, dependiendo del clima, las temperaturas y el viento.

Las respuestas institucionales que no resolvieron el problema

La provincia de Salta inició una demanda contra President Petroleum S.A., la última empresa concesionaria del pozo. Sin embargo, la falta de respuesta empresarial se suma a una justicia que tampoco actuó para ofrecer soluciones.

La Ley General del Ambiente, en su artículo 31, establece que todas las partes involucradas o responsables en la cadena productiva del daño deben asumir tanto la remediación como la reparación.

Esto implica que el gobierno de Salta y el Gobierno Nacional también comparten responsabilidad y deben asegurar el saneamiento del bosque.

Una contaminación que sigue creciendo mientras nadie interviene

Las sustancias tóxicas continúan expandiéndose sin control. El avance de los fluidos y gases aumenta el riesgo de explosión en los alrededores. La progresión de la contaminación incrementa también la posibilidad de incendios en la zona. El daño ecológico se profundiza cada día sin acciones concretas que detengan el proceso.

Demanda social para exigir una reparación inmediata

Greenpeace convoca a la ciudadanía a reclamar la remediación del daño generado por el pozo petrolero abandonado en los bosques salteños. La organización sostiene que las autoridades deben garantizar el saneamiento ambiental.

La urgencia del caso exige respuestas que detengan la destrucción y protejan tanto a la biodiversidad como a las comunidades afectadas.

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