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Información, desinformación, cambio climático y responsabilidad social empresaria

Pese a que existen casos de buenas prácticas, el problema de la desinformación ambiental es creciente. Una breve reflexión sobre lo que implica. 

La industria de los combustibles fósiles ha sido durante mucho tiempo una maestra en el uso de la publicidad y las comunicaciones para moldear la opinión pública y la política.

Por ejemplo, entre 2008 y 2018, el sector del petróleo y el gas gastó alrededor de 1.300 millones de dólares en actividades políticas, de los cuales alrededor del 64% se destina a publicidad y promoción.

Estas tácticas continúan hasta nuestros días: una reciente investigación descubrió que las empresas de combustibles fósiles han estado trabajando con influencers para promocionar sus productos y exagerar las credenciales medioambientales, y – por ejemplo- un reciente anuncio mostraba a una serie de personas atrapadas en cables luchando por hacer su vida cotidiana, dando a entender que usar vehículos eléctricos es incómodo y restrictivo.

Con mensajes como estos en contra de la transición energética, favorable para el planeta, parte de las industrias de todos los rubros buscan un interés personal. 

Impacto de la narrativa de las empresas en los medios de comunicación

‍Los combustibles fósiles también tienen un impacto considerable en la narrativa y la política de los medios de comunicación. 

La industria invierte miles de millones de dólares cada año en publicidad, relaciones públicas y grupos de presión para influir en la política climática.

Mientras tanto, las organizaciones no gubernamentales que trabajan para promover la acción climática suelen operar con muchos menos recursos y limitaciones de financiación.

Esto significa que están en desventaja a la hora de transmitir su mensaje y competir con la desinformación procedente de la industria de los combustibles fósiles.

A través de una amplia gama de anuncios engañosos, la industria de los combustibles fósiles ha intentado manipular la percepción pública y política, sembrando dudas sobre la realidad, la causa, la gravedad y la solucionabilidad del cambio climático. 

El uso de publirreportajes o publinotas -anuncios disfrazados de editoriales- en publicaciones destacadas contribuyó a propagar su discurso negacionista.

Algunos anuncios pretendían crear dudas sobre la realidad y la contribución humana al cambio climático, presentándolo como una mera teoría y no como un hecho científico.

Otros restaban importancia a la gravedad de la crisis, utilizando titulares como “reajustar la alarma“ para sugerir que el problema no era tan urgente como parecía. Otros explotaron la noción de “incertidumbres científicas“ para cuestionar el grado de implicación humana en el cambio climático.

Otra selección de anuncios hace hincapié en los riesgos económicos potenciales asociados a la acción climática, desviando la atención de los impactos medioambientales hacia las preocupaciones financieras,y construyendo una narrativa de dependencia de los combustibles fósiles para el crecimiento económico.

A medida que la desinformación sigue proliferando se vuelve fundamental que las empresas asuman una mayor responsabilidad social y ética en sus comunicaciones y acciones. 

Las prácticas engañosas de la industria de los combustibles fósiles no solo socavan los esfuerzos por combatir el cambio climático, sino que también ponen en riesgo la confianza del público en la información científica y en las políticas ambientales. 

Es imperativo que las empresas adopten un enfoque transparente y basado en hechos, promoviendo la sostenibilidad y la verdad en sus mensajes. 

Solo así se podrá contrarrestar eficazmente la desinformación y avanzar hacia un futuro más limpio y responsable.