Cómo pueden las ciudades luchar contra el cambio climático

Las actividades urbanas -construcción, transporte, calefacción, refrigeración- son fuentes importantes de emisiones de gases de efecto invernadero. En la actualidad, un número creciente de ciudades se esfuerza por reducir sus emisiones a cero.
La temperatura del planeta está aumentando (1,1 grados centígrados desde la era preindustrial y se prevé que siga subiendo, con consecuencias nefastas para las personas y la fauna, como inundaciones intensas, ciclones y olas de calor.
Para frenar el desastre, los expertos instan a limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados, lo que significaría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, para 2050, a cero neto – cuando la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera es igual a la cantidad que se elimina.

Reducir las emisiones de carbono es urgente
Más de 800 ciudades de todo el mundo, desde Bombay a Denver, se han comprometido a reducir a la mitad sus emisiones de carbono de aquí a 2030 y a alcanzar el nivel cero neto en 2050.
Se trata de contribuciones cruciales, porque las ciudades son responsables de entre el 71% y el 76% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono debido a los edificios, el transporte, la calefacción, la refrigeración y otros factores.
Y se prevé que la proporción de personas que viven en ciudades aumente, de modo que se calcula que en 2050 el 68% de la población mundial vivirá en ciudades.
La ingeniera medioambiental interdisciplinar
«Las zonas urbanas desempeñan un papel vital en la mitigación del cambio climático debido a la larga vida útil de los edificios y las infraestructuras de transporte», escriben los autores de un artículo de 2021 sobre las ciudades cero en la revista Annual Review of Environment and Resources.
¿Las ciudades están densamente construidas o se extienden? ¿Van los ciudadanos en coche privado a todas partes o utilizan un transporte público eficiente y ecológico? ¿Cómo calientan sus casas o cocinan sus alimentos?
Estos factores influyen mucho en las emisiones de carbono de una ciudad.
Según los expertos para que las ciudades lleguen a un balance neto cero, los cambios deben afectar a múltiples aspectos de la vida urbana.
¿Por qué son importantes los esfuerzos de las ciudades? ¿Qué papel desempeñan en la reducción de emisiones?
En las ciudades vive la mayoría de la población. Además, el 90% del PIB (producto interior bruto) mundial se genera en las zonas urbanas. Todas las infraestructuras esenciales que necesita un asentamiento humano -energía, transporte, agua, vivienda, alimentos, materiales de construcción, espacios verdes y públicos, gestión de residuos- confluyen en las zonas urbanas.
Así que existe la oportunidad de transformar estos sistemas.
Se puede pensar en llegar a cero desde el punto de vista de la oferta -utilizando energías renovables o ecológicas para el suministro eléctrico y el transporte-, que es lo que creo que domina la conversación.
Pero para llegar a la energía neta cero, también hay que dar forma a la demanda, o al consumo: reducir la demanda de energía. No obstante, no hemos investigado lo suficiente para saber qué políticas y diseños urbanos ayudan a reducir la demanda en las ciudades. La mayoría de los planes nacionales se centran sobre todo en la oferta.
También hay que idear formas de crear sumideros de carbono: es decir, eliminar carbono de la atmósfera para ayudar a compensar las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles.
Estos tres elementos -suministro de energías renovables, reducción de la demanda mediante un diseño urbano eficiente y cambios en el estilo de vida, y sumideros de carbono- son las estrategias generales para llegar al cero neto.
¿Cómo puede una ciudad hacer frente a la demanda?
La reducción de la demanda de energía puede conseguirse mediante la eficiencia, es decir, utilizando menos energía para los mismos servicios. Esto puede lograrse mediante una mejor planificación del uso del suelo y cambios en el comportamiento y el estilo de vida.
El transporte es un buen ejemplo. Se gasta mucha energía en desplazar a las personas, y la mayor parte de esa movilidad personal se produce en las ciudades. Pero una mejor planificación urbana puede reducir sustancialmente los desplazamientos en vehículo. Mitigar la expansión urbana es una de las mayores formas de reducir la demanda de desplazamientos y, por tanto, las emisiones. En la India, por ejemplo, Ahmedabad ha planificado mejor la reducción de la expansión urbana, en comparación con Bangalore, donde ésta es enorme.
Los viajes compartidos dinámicos y bien diseñados, como los de Uber y Lyft en EE.UU., pueden reducir el total de kilómetros recorridos por los vehículos en un 20% o 30%, pero se necesitan las políticas adecuadas para evitar que vehículos vacíos circulen y esperen a recoger a gente, lo que en realidad puede aumentar los desplazamientos.
Se trata de grandes reducciones de la demanda. Y luego hay que añadir el transporte público y los barrios transitables.
La electrificación del transporte -el lado de la oferta- es importante. Pero si sólo se piensa en la electrificación de los vehículos, se pierde la oportunidad de la eficiencia.
En esa dirección hay que avanzar.
